Aunque su presidente asegure que el mundo entero envidia la economía norteamericana, lo cierto es que el 2005 no fue bueno ni para los ciudadanos ni para las grandes empresas.El balance económico de los 5 años se mide con 3 millones de empleos industriales perdidos y salarios reales inferiores a los del inicio de la recuperación
16-01-2006 - En la mañana en vísperas del Año Nuevo, el presidente George W. Bush se dirigió a la nación en su último discurso de 2005. Se pasó la mitad del discurso hablando acerca de cómo hemos hecho "un fuerte progreso hacia una América más libre y próspera y un mundo más pacífico".
El hecho de que las bombas estuvieran explotando al mismo tiempo en Iraq, matando más soldados norteamericanos e iraquíes, no parecía entrar en su conciencia. Esta ausencia de conocimiento respecto a su propia inconciencia ndenota el mismo nivel de ilusiones con las que discute la evolución económica de América. Prosiguió su discurso hasta afirmar que sus programas de reducciones de impuestos, sus restricciones al gasto y el "duro trabajo del pueblo americano" habían convertido a la economía de Estados Unidos en "la envidia del mundo". También se felicitó por el voto de la Cámara de Representantes de mayoría republicana en favor del primer recorte del gasto discrecional en una década.
Para el 2006, quiere que sus reducciones de impuestos se hagan permanentes, además de promover su visión de una "sociedad de propietarios" en la que "la gente tendrá un mayor control sobre sus jubilaciones y asistencia sanitaria" y defender también una mejora de la educación. No mencionó que la Cámara de Representantes recortó el programa de ayuda a los estudiantes y una porción de Medicaid, el programa de salud del gobierno que asiste a los más pobres cuando recortó el gasto discrecional.
Pero incluso si no le preocupan los americanos de ingresos bajos y medios, uno tendería a pensar que se habrá dado cuenta de que buena parte de las grandes empresas tuvieron problemas en el 2005. El índice Dow Jones cerró el año por debajo de su nivel al comienzo del año. La excepción notable fueron los sectores de la energía y de la sanidad que tuvieron un año bendito gracias a los crecientes precios del gas y el petróleo así como de las primas de los seguros médicos.
General Motors y Ford están sangrando. Las compañías aéreas siguen su camino hacia la suspensión de pagos. Y los empleados del sector público como maestros, bomberos y conductores de autobuses y metros están renegociando a la baja sus convenios colectivos ante el alza creciente de los costes sanitarios y el declive del poder adquisitivo de sus salarios. El año pasado, más empleos industriales abandonaron el país de los que se crearon en Estados Unidos.
El déficit
Mientras, el déficit sigue fuera de control, aunque parece menos malo en 319.000 millones de dólares para el 2005 de lo que lo fue en el 2004: 412.000 millones de dólares. Este resultado se explica porque la Administración ha imaginado que la financiación de la guerra en Iraq no repercutirá en el resultado final del presupuesto federal si se mantiene en la categoría de "gastos de emergencia" lo que totaliza 326.000 millones de dólares desde septiembre del 2001, con otros 50.000 millones previstos para este año.
Mientras Bush ensalzaba las virtudes de la economía norteamericana, el secretario del Tesoro, John Snow, acababa de advertir al Congreso que el límite fijado para la deuda pública, en un nivel récord de 8,2 billones de dólares, volvería a ser alcanzado a mediados de febrero. Cuando Bush entró en la Casa Blanca, la deuda federal era de 2,2 billones de dólares.
He aquí lo que realmente está pasando en América, los salarios descontando la inflación están por debajo de su nivel cuando empezó la recuperación de la economía. La productividad ha crecido un 13,5%, lo que significa que la mayoría de los americanos está trabajando más duro pero consiguiendo menores sueldos. El ingreso mediano de los hogares descontando la inflación (el que separa la población en dos mitades) ha caído cada uno de los años en los que Bush ha sido presidente. El nivel de la deuda como porcentaje de la renta disponible (después de impuestos) está en máximos históricos. Y la tasa de ahorro de los norteamericanos es negativa por vez primera desde la Segunda Guerra Mundial.
Más de tres millones de empleos industriales se han destruido y la tasa de paro, aunque relativamente baja en el 5%, sigue siendo más alta que cuando Bush accedió a su cargo en enero del 2000. La tasa nacional de pobreza subió del 11,3% de la población en el 2000 al 12,7% en el 2004 y el número de personas viviendo bajo el umbral de pobreza ha crecido en 5,4 millones. Los costes sanitarios se han disparado entre el 43% y el 45% para las parejas casadas con hijos, madres solteras y jóvenes solteros entre el 2000 y el 2003. La cobertura sanitaria financiada por los empresarios ha caído por cuarto año consecutivo.
Las grandes no pagan
Si Bush quisiera arreglar la economía no intentaría hacer definitivos sus recortes de impuestos en favor de los más ricos así como las exenciones fiscales para las grandes empresas, el 60% de las cuales no paga ningún impuesto federal de todas maneras. Buscaría una solución a la incipiente crisis sanitaria reduciendo el poder de las industrias farmacéutica y aseguradora. O tal vez debería escuchar lo que piensan los americanos sobre su gestión de la economía. La encuesta de la CBS de fin de año reflejaba que sólo un 38% aprobaba su gestión económica, contra un 42% un año atrás.
Pero nada de eso ocurrirá. Bush seguirá defendiendo la idea de las cuentas sanitarias de ahorro, donde los americanos que tienen una tasa de ahorro negativa pueden ahorrar más de lo que no están ahorrando para pagar su asistencia sanitaria. Seguirá hinchando el déficit con recortes de impuestos.
Tanto la Cámara de Representantes como el Senado, ahora bajo control republicano, están en periodo febril ante las elecciones del próximo otoño. Así que mantenerse alejado de la economía, como ha hecho en los pasados cinco años, podría ser la única manera de que Bush mantuviera algo de influencia en Washington.
Eso no ayudará a la economía pero podría servir para sellar su legado como el de un presidente que no supo gestionar la economía.
NOMI PRINS - Periodista. Reside en Nueva York y ha sido banquera de inversión en Goldman Sachs, Bear Stearns y Lehman Brothers
http://www.lavanguardia.es
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