Los organismos locales creen el impulso a las instalaciones causa un gran impacto paisajístico. El número de parques asciende a 534.
26-09-2006 - Más de 10.000 megawatios de potencia instalada a finales de 2005 han convertido a España en el segundo productor europeo de energía eólica, pero hay grupos ecologistas que, a pesar de estar a favor de las renovables, piden controles «más rigurosos» a la hora de determinar la instalación de los parques, según informa EFE.
Según un informe del observatorio eólico de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), esta energía proporcionó durante 2005 un ahorro para la economía española de 14,7 millones de toneladas de dióxido de carbono por reducción en la adquisición de derechos de emisión (unos 294 millones de euros si se parte de un precio de derecho de emisión de 20 euros por tonelada de Co2).
El número de centrales también ha aumentado: según datos de julio de 2006 de AEE, el número de parques eólicos, incluyendo ampliaciones y parques experimentales, asciende a 534. De ellos, 117 se sitúan en Galicia, comunidad con el mayor número, seguida de Castilla y León, con 109, y de Castilla-La Mancha, con 70.
Para organizaciones como Greenpeace o Ecologistas en Acción, este crecimiento del sector confirma el «enorme potencial» de la eólica, un tipo de renovable «imprescindible» para cumplir el Protocolo de Kyoto, que además es sinónimo de limpieza, abundancia, fiabilidad, rentabilidad, seguridad y creación de empleo.
Sin embargo, esta percepción cambia cuando las consultadas son organizaciones ecologistas locales, para las que el elevado número de aerogeneradores instalados causa, además de un «notable» impacto paisajístico, problemas para la biodiversidad más inmediatos que los que ocasionará el cambio climático.
Es el caso del colectivo navarro Gurelur, que lleva varios años en contra de la instalación de molinos en las colinas en Navarra, una comunidad que ocupa actualmente el séptimo puesto en número de centrales eólicas (37 en total).
La comunidad foral acogió la semana pasada la presentación de un laboratorio de ensayos de aerogeneradores, perteneciente al Centro Nacional de Energías Renovables (Cener), que pretende cubrir buena parte de las necesidades nacionales y europeas del sector.
El secretario general de Gurelur, Antonio Munilla, denunció que «las crestas de Navarra están asoladas, industrializadas por las centrales eólicas, lo que genera un impacto paisajístico terrible».
Preguntado por su postura respecto a las renovables, este ecologista no dudó en defender su desarrollo, pero, aseguró, «no a cualquier precio, como está sucediendo en Navarra con la instalación de más de mil aerogeneradores en lugares poco adecuados y de paso de aves migratorias».
Desarrollo sostenible
Al igual que Gurelur, otras plataformas ecologistas de Galicia, País Vasco, Cataluña, La Rioja y Castilla y León, entre otras, han solicitado la elaboración de planes eólicos «más coherentes» y «ajustados» al desarrollo sostenible de las comarcas potencialmente afectadas.
En el otro extremo está la opinión del responsable de Energía de Ecologistas en Acción, Pablo Cotarelo, que aseguró no tener constancia de que no se estén realizando los estudios medioambientales «pertinentes».
Cotarelo agregó que el equilibrio entre eólica y biodiversidad «siempre es preferible», una opinión que comparte la responsable de Campaña de Cambio Climático de Greenpeace, Raquel Montón, quien manifestó que este tipo de energía limpia debe imponerse según criterios medioambientales.
Sin embargo, ninguno de los dos portavoces consideró el impacto paisajístico como un factor que deba tenerse en cuenta en los informes ambientales, ya que «hay que acostumbrarse a la idea de que suponen una chimenea menos funcionando».
Adn
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