El descaro de la jerarquía eclesiástica no tiene límites cuando afirman que la nueva asignatura obliga a los centros estatales "perdiendo su obligada neutralidad ideológica".
25-06-2007 - A los obispos les gusta presentarse como víctimas incomprendidas y acosadas: Estamos asistiendo a una persecución declarada contra la religión y contra la Iglesia católica, que desborda las fronteras de nuestra patria, pero que ha encontrado en España un fuerte punto de apoyo. Una persecución con guante blanco, de manera que no se note y nadie pueda reaccionar. De esta manera se expresa en una pastoral el obispo de Tarazona y que es muy recomendable leer para conocer el argumentario al uso. Recomendable porque a continuación y, a semejanza de esos que conocemos por fanáticos que alientan el martirio, se pronuncia en estos términos: “Sólo sacaremos provecho de todo esto si estamos dispuestos al martirio, “a derramar nuestra sangre en la lucha contra el pecado” (Hbr 12,4). El cristianismo se ha difundido siempre con la valentía y la fortaleza de los mártires. Los mártires anuncian con fuego la verdad que nos salva, y están dispuestos a morir amando. El mártir sabe que nada ni nadie podrán separarnos del amor de Dios.”
Dan miedo, menos mal que no parece que sus fieles les sean tan obedientes como para emprender el camino del martirologio; si estas palabras fueran dichas por algún sacerdote de otra religión ya conoceríamos las reacciones furibundas de los santiagoycierraespaña de turno.
Esta Iglesia Católica, nostálgica y generosamente subvencionado muy a nuestro pesar, que se expresa como si fuera acosada, perseguida y que apela a la valentía y fortaleza de los mártires, ha emprendido desde hace unos años una cruzada contra el Gobierno que ahora se reactiva ante la inminente implantación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía aprobada por el Parlamento. Ahora, entre llamamientos a la rebelión contra lo aprobado por el poder legislativo emprenden un auténtico desafío para el que no dudan en utilizar todos los medios legítimos -estaría bueno que apelaran también a los ilegítimos- contra esta nueva asignatura. Asignatura que, dicho sea de paso, trata sobre las normas elementales de convivencia, los valores de la Constitución y los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; asignatura que en modo alguno se adentra en el campo de la moral privada pero que necesariamente tiene que abordar cuestiones que afectan a la ética pública; la convivencia y el respeto.
El descaro de la jerarquía eclesiástica no tiene límites cuando afirman que la nueva asignatura obliga a los centros estatales “perdiendo su obligada neutralidad ideológica”. Serán cínicos, si de neutralidad ideológica se tratara, la asignatura de la Religión y Moral Católica ya estaría fuera del sistema educativo. En ese sentido, ojalá hubiera neutralidad porque de haberla, la religión; en las iglesias, en las catequesis o como actividad no lectiva y extraescolar. Si su asignatura no fuera doctrina y catecismo, sería impartida por profesorado seleccionado con los procedimientos habituales pero al ser catequistas, los obispos, con la aquiescencia incomprensible de este Gobierno, se permiten la selección del personal y el cese de los que no satisfagan sus expectativas; eso sí, los costes laborales, a cargo del Estado.
Otros que han escrito: Orlando Suárez, Xavier, Mercé, Animal Político, Manolo Saco, Pablo Pombo, Raúl Pleguezuelo, egciriano, Javier Callejón, José Carlos o Ignacio Escolar
Jucaro
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