Crece el consenso sobre la necesidad de ampliar la vida útil de las ocho centrales españolas
07-07-2008 - Quiero aprovechar esta ocasión para felicitar públicamente a José María Fidalgo por abrir el debate sobre la energía nuclear".
Las palabras del ministro de Industria, Miguel Sebastián, provocaron un tenso silencio en el salón de columnas del Palacio de La Moncloa.
¿Alquien más me quiere felicitar?, respondió el secretario general de CC. OO.
El presidente de la patronal, Gerardo Díaz, guardó silencio, igual que el dirigente de UGT, Candido Méndez. Todos tenían los ojos puestos en el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que seguía mirando las puntas de sus relucientes zapatos, hasta que dijo: "todos saben que yo soy el miembro más antinuclear de mi gobierno".
Esta anécdota durante una de las reuniones que ha mantenido el gobierno con los agentes sociales ilustra a la perfección por qué se ha intentado obviar el debate sobre la necesidad o no de tener centrales nucleares.
El hecho que Zapatero mantenga una posición cuasi doctrinal sobre la energía nuclear ha retrasado la toma de decisiones sobre la planificación energética de los próximos treinta años. El anterior ministro de Industria, Joan Clos, tenía previsto presentar públicamente la Prospectiva Energética 2008-2030. En este informe elaborado por los principales especialistas públicos y privados, la energía eólica se convierte en la principal fuente de generación eléctrica, seguida por el gas, mientras que la energía nuclear se mantenía en la misma proporción, disminuyendo su aportación relativa (del 9,7 al 7,1% de la potencia instalada).
La presentación se suspendió en diciembre por razones electorales. El plan impulsado desde Industria ponía en evidencia que la potencia nuclear instalada en las ocho centrales se mantendrá en los próximos treinta años, y eso no convenía decirlo en plena campaña electoral.
De hecho, la energía nuclear fue el elemento que produjo el mayor enfrentamiento en la elaboración del programa electoral socialista. Inicialmente se dedicaban varias páginas prometiendo el cierre progresivo de las centrales en la medida en que se fueran caducando sus licencias. Para los especialistas del partido y la vieja guardia era una auténtica barbaridad.
La portavoz parlamentaria socialista, Inmaculada Rodríguez Piñero, tuvo que librar una dura batalla para cambiar la redacción y reducirla a unas líneas en las que apenas se decía que "el PSOE se compromete a no abrir nuevas centrales en España".
Defendió que España necesita contar con la energía nuclear como complemento a las renovables, que son la auténtica apuesta socialista. Esto exigía renovar y ampliar los ocho grupos para alargar su vida útil y adaptarlos a las necesidades energéticas del país. Esta postura parece que empieza a abrirse paso entre los socialistas y la defiende en privado el ministro de Industria y el vicepresidente Pedro Solbes.
Sin embargo Zapatero sigue reticente. En su fuero interno le gustaría cerrar todo porque es un antinuclear convencido. Tal es así que hasta su predecesor, Felipe González, le ha tenido que explicar la necesidad de abrir el debate. En su opinión hay que replantearse la moratoria que el gobierno socialista decidió hace 20 años. "La seguridad de las centrales ha aumentado claramente; y en Ginebra, además, ha culminado la investigación sobre la eliminación de residuos".
González ha llegado a plantear a Zapatero que si realmente está en contra no compre electricidad a Francia. "Si va en serio, que no se la compre a los franceses". Resulta ridículo no querer nucleares en España y alimentarse de la electricidad producida en un 95% con nucleares a pocos kilómetros de la frontera.
Como afirma Francisco Belil, presidente de Siemens España y 13 países más, "el problema de la energía es técnico y no político". Cada país tiene que definir cuál es el mix (combinado) energético que más le conviene. "En el futuro las renovables van a experimentar un fuerte desarrollo y dado que España es líder mundial tiene una ventaja, pero hay que contar con toda la tecnología disponible, incluida la nuclear, y sobre todo, evitar el escalofriante derroche energético" -sólo en el transporte se pierde un 20%.
Esta opinión la comparte el presidente de Unesa, Pedro Rivero, que dice que no se pueden pedir precios baratos y negarse a ampliar la producción nuclear. Los datos indican que un megavatio producido con energía renovable cuesta entre 72 y 84 euros, mientras que con energía nuclear desciende a 34 euros.
Sergio de Otto, consultor especializado en renovables, explica que esto se debe a que la nuclear no tiene internalizados todos los costes y que sus centrales están ya amortizadas. Argumenta que su aportación se puede suprimir con sólo ahorro y eficiencia.
Por el contrario, Juan Iranzo, presidente del Instituto de Estudios Económicos y uno de los grandes expertos, sostiene que "es imprescindible en España... es muy barata, limpia y sobre todo tiene un alto grado de componente nacional porque este país es rico en uranio por lo que disminuye la dependencia exterior que nos obliga a comprar el 85% de la energía que consumimos"... "Es imprescindible contar con todas las centrales operativas".
Claudio Boada, presidente del Círculo de Empresarios, añade que España no puede quedarse al margen que la corriente mundial. Hay 443 centrales en 31 países con una potencia instalada de 369728 MW, ocho de ellas están en España y producen 7.700 Mw. En estos momentos se construyen 25 grupos nuevos en 11 países para atender a la demanda y reducir el impacto ambiental del petróleo.
M. Guindal / M. Díaz-Varela
La Vanguardia
Sindicar titulares: [Todas las noticias] - [Entorno CCOO] - [Laboral] - [Economía] - [Mundo Virtual] - [Social] - [Notas de Prensa] - [R.S.C.]