¿Son los internautas unos saqueadores de bienes y derechos ajenos? ¿Deben las autoridades proteger a las industrias tradicionales y controlar de la cultura en red y el intercambio de información?
15-07-2008 - Son preguntas que tendrán que responder los ministros de Industria, Miguel Sebastián, y Cultura, César Antonio Molina, en la nueva regulación que éste último pretende aprobar durante la presidencia española de la UE - primer semestre del 2010-, según anunció Molina en la reunión de la Comisión Intersectorial Antipiratería, reunida la semana pasada.
En el encuentro se habló del intercambio de archivos, práctica legal
hoy en España, como si de un robo se tratase: "La Comisión llama a los
titulares de contenidos y a las operadoras de comunicaciones
electrónicas y prestadores de servicios de la sociedad de la
información a reforzar su compromiso de colaboración en la lucha contra
la piratería digital". Éste es el eslabón débil, pues la "piratería
digital" no existe como tal en España, ya que el derecho a la copia
privada - que se paga con el célebre canon- protege el intercambio de
archivos entre particulares.
"Es simplista y tendencioso dividir a la población entre los que copian
y los que compran, porque todos hacemos ambas cosas a la vez". Es una
de las frases que aparece en el manifiesto puesto en circulación por la
organización eXgae (una asesoría legal on line que se dedica en "librar
a los ciudadanos de los abusos de la SGAE y demás entidades de
gestión") y que propone un cambio de enfoque en el ya largo conflicto
entre los internautas, defensores del copyleft y consumidores en
general, frente a las entidades de gestión de derechos, que aglutinan a
la industria de la producción y la distribución de contenidos
audiovisuales, y las autoridades competentes, en particular el
Ministerio de Cultura, comprometido con el modelo de negocio cultural
basado en el actual modelo de intermediarios. Y, por tanto, enfrentado
al nuevo patrón de cultura tecnológica, que convierte en obsolescentes
buena parte de los procesos de intermediación, con una relación directa
entre creador y público.
La nueva perspectiva de la que habla eXgae, organización que tiene su
sede en Barcelona y que, en buena medida, pone su empeño en desmontar
la argumentación de la industria editora y el Ministerio, es una
respuesta a la autodenominada Coalición de Creadores e Industrias de
Contenidos, donde están integradas varias entidades de gestión de
derechos, entre ellas la vituperada SGAE, la federación "antipiratería"
y la organización patronal discográfica Promusicae, quienes pusieron en
circulación un manifiesto denominado Derechos para todos en internet en
el que exigen "un compromiso de Estado con los creadores y la industria
de contenidos que evite su destrucción y la consolide como una apuesta
estratégica para el futuro del país".
El primer problema es que la batalla contra la piratería trata
indiscriminadamente distintas actividades y, más allá de perseguir a
quienes hacen copias ilegales de los soportes físicos (CD y DVD) y los
venden de forma irregular en plena calle (el célebre top
manta),pretenden que se actúe - y en tal sentido han presionado al
Parlamento Europeo, con limitado éxito, e incluso a los mandatarios
reunidos en la cumbre del G-8- mediante modificaciones legales contra
las descargas en internet. Y, concretamente, contra el llamado P2P
(peer to peer,intercambio entre iguales), es decir, el intercambio de
archivos (películas, canciones…) entre particulares.
El enfoque de eXgae pretende ser más realista: "El hecho de que
recopile música por internet y que esto haga de mi un melómano, me
provoca mucho más interés por acudir a conciertos y por comprar los
originales de lo que más me ha gustado". eXgae - cuya web había
recibido a las 21 h de ayer 32.308 visitas, en pocas semanas- recuerda
que trece millones de pueden ser considerados "piratas" en España y se
pregunta si el gobierno quiere aplicar posturas como las de Pakistán,
China, Francia o Sudán.
No es una teoría o una elucubración, y los responsables de eXgae - como
otros antes que ellos, desde los defensores del copyleft hasta las
organizaciones de internautas o el colectivo "Todos contra el canon"-
subrayan que no está en riesgo la remuneración del creador ni la
existencia de industrias culturales, sino la existencia de formas de
explotación basadas en la intermediación (edición y distribución)
discográfica y videográfica. Y ponen el ejemplo de Rodolfo
Chikilicuatre, que ha ingresado millones de euros sin vender un solo
disco, gracias sobre todo a la venta de politonos, a las millones de
visitas a sus vídeos y a las reinterpretaciones populares en sitios
como YouTube.
Lejos de cernirse negros nubarrones sobre las industrias culturales,
los defensores del P2P opinan que ocurre lo contrario, que "vivimos el
periodo de mayor producción y consumo de medios audiovisuales de la
historia", pero paradójicamente la industria cultural "ha llegado a un
callejón sin salida y debe reconvertirse". ¿Por qué aducen las
discográficas y videográficas pérdidas millonarias? Lo que hacen es
clamar por el "lucro cesante" de su actividad, lo suman y lo presentan
anualmente como tantos millones de pérdidas por la piratería.
Contabilizan las copias piratas - y los intercambios de archivos- y
calculan su valor como si fuesen originales, como si cada descarga o
copia del top manta (2 euros) sustituyera a un original (las novedades,
unos 20 euros).
La primera policía electrónica
El primer paso en Europa en defensa del lobby industrial lo dio el
presidente Nicolas Sarkozy al convertir a Francia en la primera
democracia que creaba una policía electrónica en internet, una policía
que cuenta con capacidad para vigilar los intercambios entre
particulares e incluso inmiscuirse en el contenido de los discos duros
de los ordenadores de los ciudadanos.
En el Parlamento Europeo, el debate sobre el control de estos
intercambios ha quedado pendiente para después del verano, pero sus
señorías, en principio, no son partidarias de llegar tan lejos como lo
ha hecho Francia y, por el momento, decidieron introducir enmiendas en
la normativa en discusión que evitan que los proveedores de internet se
conviertan en vigías y responsables de lo que pasa por sus redes, como
venían exigiendo las sociedades de gestión.
En cuanto a España, la voluntad expresada hasta ahora por el ministro
de Cultura, César Antonio Molina, se muestra más partidaria de que las
operadoras se involucren voluntariamente en un acuerdo que de forzarlas
mediante una ley a poner datos de sus clientes a disposición de SGAE y
otras entidades similares. Pero la batalla final se resolverá en dos
años.
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