La falta de determinación del G-8 no facilita el camino de las empresas hacia una economía baja en carbono
16-07-2008 - Cuando apenas queda año y medio para la celebración, en Copenhague (Dinamarca), de la próxima Conferencia del Cambio Climático, los países en los que está en su mano consolidar un acuerdo que sustituya el Protocolo de Kyoto han demostrado una grave falta de liderazgo. La cumbre del G-8, celebrada la semana pasada en la ciudad japonesa de Toyako ha concluido de manera decepcionante.
Han querido guardar las formas, adoptando el compromiso de reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero en torno a 2050. Pero el que no se haya establecido un año de referencia concreto ni se hayan definido objetivos a medio plazo para el recorte evidencian la escasa profundidad de la propuesta. Y el respaldo con reservas, dado por las cinco grandes economías emergentes, constata la falta de convicción. Hay importantes intereses económicos involucrados en esta postura, mercados que defender y otros que desarrollar. Por lo tanto, determinaciones de este tipo no se pueden analizar sin reconocer que gobiernos y actores económicos van de la mano a reuniones de este calado. Sin embargo, no todas las empresas comparten posiciones tan débiles en la lucha contra el cambio climático. Un sector empresarial creciente pide determinación y consenso para hacer frente al calentamiento global.
Un amplio porcentaje del sector empresarial mundial observa con escepticismo e, incluso, fastidio todo lo que tiene que ver con la lucha contra el cambio climático. Es más, muchas compañías estarán aún presionando para que los asuntos ambientales no trasciendan demasiado en la agenda política. Sin embargo, este es un análisis del fenómeno del cambio climático muy pobre. No sólo porque la trascendencia del calentamiento global supone un reto formidable en términos de supervivencia humana, sino porque desde el análisis de riesgos y oportunidades más básico denota una falta de previsión considerable. Al menos esto es lo que opinan muchas empresas que trabajan activamente en desarrollo sostenible.
El pasado 20 de junio, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés) y Foro Económico Mundial (WEF) hacían público un documento de recomendaciones dirigidas a los líderes del G-8, ante la cumbre de Japón, donde reconocen la existencia de un proceso de cambio climático que requiere de empresas y gobiernos la toma de medidas inmediatas, ya que retrasar más la reacción sólo contribuirá a incrementar el coste. Partiendo de esta premisa, se solicita a los países más industrializados una estrategia para alcanzar una economía baja en carbono. Consideran imprescindible llegar a nuevo consenso en la lucha contra el cambio climático, previo a la reunión de Copenhague, que facilite a la comunidad empresarial mundial acelerar sus inversiones y estrategias de reducción de emisiones. Tanto el Consejo Empresarial como el Foro Económico demandan una reducción clara, significativa de las emisiones para 2050, y unos objetivos realistas en el corto plazo.
Esta transición necesaria hacia una nueva revolución industrial es vista por este colectivo de empresarios como una nueva oportunidad para la innovación tecnológica y de creación de valor para el accionista. Por este motivo, concluían la propuesta manifestando su voluntad de contribuir a un acuerdo y reconociendo que el liderazgo de los gobiernos es esencial en esta materia. En definitiva, estas dos organizaciones referentes de la economía mundial, pedían al G-8 que mantenga una actitud sin reservas de compromiso frente al cambio climático.
Dado que el calentamiento global está ahí y que habrán de prevenirse sus efectos o pagar por ellos, la mejor estrategia pasa forzosamente por la definición sin sombras del camino hacia una economía baja en carbono que, por difícil que sea, articule las inversiones y esfuerzos que habrá que hacer. De este modo, existirá alguna oportunidad para generar desarrollo y crecimiento, gestionar los efectos del calentamiento global y luchar contra la pobreza. Que los líderes de las economías más poderosas del mundo mantengan una posición ambigua al respecto supone una pérdida de tiempo en la lucha contra el cambio climático que no favorece precisamente a las empresas comprometidas con la sostenibilidad.
Responsables.biz
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