Aumenta la incertidumbre en todo el mundo y algunos economistas opinan que lo peor está por llegar
11-08-2008 - Un año después del estallido de la crisis hipotecaria, Estados Unidos,
el país donde se originó, está al borde de la recesión. Los economistas
no tienen claro cuándo saldrá del bache, ni si los daños son
irreparables. Tampoco están claros los efectos en el resto del mundo.
Europa se ha resentido. Pero la economía mundial crece aún a un ritmo
sostenido.
Desde el principio, cuando unas oscuras prácticas
financieras contaminaron el resto de la economía estadounidense, la
incertidumbre ha caracterizado la crisis, que se ha llegado a comparar,
exageradamente, con la Gran Depresión. Algunos dogmas, como el
antiintervencionismo de las últimas décadas, se han roto.
LA EUFORIA. Estados
Unidos vivía desde hacía casi una década en la euforia inmobiliaria.
Los estadounidenses, confiados en que el ladrillo era una inversión más
segura que la bolsa, se endeudaron. A los compradores poco solventes -
en gran parte afroamericanos e inmigrantes latinos en busca del sueño
americano- se les ofrecieron las hipotecas llamadas subprime,con tipos
de interés bajos que a los dos años se disparaban. Wall Street compró y
revendió estas hipotecas con intereses más altos y mayores réditos.
Parecía una ganga. Estos productos financieros atrajeron a inversores,
confiados en un mercado en el que los precios no habían bajado desde la
Depresión.
LA ALARMA. Con los precios de la vivienda
por los aires, en la primavera del 2007 los retrasos en el pago de las
hipotecas se dispararon, debido a que los tipos de las hipotecas
subprime contratadas dos años antes se habían ajustado a un nivel más
alto. Además, después de años con los tipos de interés por los suelos,
la Reserva Federal había empezado a subirlos. El 30 de julio del 2007,
saltó la noticia: el banco de inversiones Bear Stearns cerró dos de sus
hedge funds,o fondos de alto riesgo, que habían invertido en hipotecas
subprime.El 9 de agosto - ayer se cumplió un año- el Banco Central
Europeo y la Reserva Federal estadounidense intervinieron para proveer
liquidez a los mercados. La alarma ya se había adueñado de los
inversores, que dejaron de meter dinero en las hipotecas
estadounidenses.
EL CONTAGIO. "Lo que desencadenó el
colapso no fueron las pérdidas hipotecarias por sí solas, sino su
significado más amplio: los inversores globales se habían arriesgado
demasiado, no sólo en sus inversiones de hipotecas subprime,sino
posiblemente en todas sus inversiones", escribe Mark Zandi, economista
jefe de Moody´s Economy. com, en el ensayo Financial Shock,recién
publicado. Los bancos, asustados por las dimensiones de las pérdidas,
cerraron el grifo del crédito. Para las empresas, de repente, era más
difícil contratar e invertir. Para los particulares, obtener un crédito
dejó de ser un trámite. "Golpeado por la caída del precio de la
vivienda - ha observado Nouriel Roubini, otro gurú económico-, el
consumidor ya no puede usar su casa como si fuese un cajero
automático". Antes, la casa sobrevalorada le permitía financiarse las
vacaciones, el coche o los estudios. Ya no. El paro ha aumentado, el
consumo se ha ralentizado, Wall Street ha perdido un 13% en un año y
los bancos han sufrido pérdidas millonarias. El ex banquero Charles R.
Morris, autor del ensayo La desintegración del billón de dólares,evalúa
las pérdidas en un billón de dólares. Roubini lo eleva a dos.
EL CULPABLE. No hay un solo culpable. Algunos economistas y
financieros señalan a Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal
hasta el 2006. Greenspan echó gasolina a la burbuja inmobiliaria
bajando los tipos de interés hasta el 1% después del estallido de la
burbuja tecnológica y del 11-S. Greenspan, como el presidente George W.
Bush, era partidario de desregular los mercados: muchos productos
financieros escapaban a cualquier supervisión. Otros señalan a los
vendedores de hipotecas subprime.Algunos engañaban a los clientes, que
creían que siempre pagarían intereses bajos. Las agencias de rating
alimentaron la euforia al garantizar la fiabilidad de los nuevos
productos financieros.
UNA ECONOMÍA ´NUEVA´. ¿Hay
recesión? A un crecimiento anémico se suma el encarecimiento del
petróleo. Si Europa se estanca, las exportaciones - tabla de salvación
de Estados Unidos, gracias al dólar barato- sufrirán. Algunos
economistas destacan la resistencia de la primera economía del mundo.
Otros, como Roubini, creen que lo peor está por llegar, y que la
hipotecas sólo explican una parte de la crisis, ligada también a las
tarjetas de crédito y a los préstamos para estudiar y comprar
automóviles. En todo caso, la política económica ha cambiado. En marzo
del 2008, la Fed, con el beneplácito de Bush, acudió al rescate de Bear
Stearns. En julio, el Gobierno salvó a las entidades semipúblicas
Fannie Mae y Freddie Mac. ¿Un nuevo intervencionismo? "Pese a todos sus
éxitos, el ciclo conservador y favorable al libre mercado que comenzó
con la presidencia de Reagan - escribe Morris- parece haberse hundido
en el mar de los excesos burdos".
MARC BASSETS
La Vanguardia
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