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Edición: 07 de enero de 2009
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Revolución laboral en China

La nueva ley del Contrato de Trabajo implica un aumento de los costes laborales del 15% al 20% en industrias intensivas. Uno de los objetivos de la ley es empujar a las empresas a producir bienes de mayor valor añadido

11-08-2008 - El primero de enero del año en curso entró en vigor en China la nueva ley del Contrato de Trabajo, que está teniendo efectos de gran importancia sobre la economía de aquel país y que ha merecido escasa atención en los medios de comunicación occidentales.

Sus principales novedades son: exigencia de contrato escrito para establecer cualquier relación laboral, indemnización por despido (un mes por año trabajado), regulación de la jornada laboral y paga extra por las horas extra, contribución obligatoria al fondo social y de pensiones (del 13% al 15% del salario), imposición de la negociación colectiva. Todo ello supone un paso decisivo hacia la homologación de los derechos laborales con la práctica internacional, abandonando la jungla en la que la explotación del trabajador era frecuente: jornadas semanales de 80 horas, condiciones laborales precarias, impago de impuestos y de la Seguridad Social por parte del empleador, etcétera. La negociación colectiva tiene lugar en el marco de la Federación de Sindicatos de China, el sindicado oficial y el único reconocido legalmente.

La nueva normativa persigue varios objetivos. En primer lugar, una más equitativa distribución de los beneficios del crecimiento, mejorando las rentas salariales para amortiguar las crecientes diferencias sociales. Es una concreción de la estrategia de construir una sociedad armoniosa,a la que los actuales dirigentes chinos conceden máxima prioridad. Segundo, la estimulación del consumo, avanzando hacia un nuevo paradigma económico que reduzca la excesiva dependencia de la inversión y la exportación. Tercero, empujar a las empresas a producir bienes de mayor valor añadido, con mejoras tecnológicas y aumento de la productividad. China tiene una verdadera obsesión tecnológica.

Según un estudio de Credit Suisse (significativamente titulado China, el principio del fin de una era),el nuevo marco laboral implica un crecimiento de los costes laborales del 15% al 20% en industrias intensivas en mano de obra y del 2% al 7% en otras industrias. Si a ello sumamos el importante aumento de los salarios en la zona costera los últimos años, la apreciación del yuan contra el dólar (un 20% el último lustro) y nuevas normas para reducir el impacto medioambiental y el consumo energético de la industria china, el resultado es un aumento de precios muy significativo. Para Credit Suisse, la legislación laboral puede ser la gota que colme el vaso y acabe con el crecimiento ilimitado de la exportación china. La caída de la demanda en Norteamérica y Europa, a causa de la crisis económica, refuerza la tendencia.

La región del estuario del Río de las Perlas, contigua a Hong Kong, es la principal zona fabril de China y donde más se está notando el impacto. Crédit Suisse estima que un tercio de las industrias de la región dedicadas a la exportación (básicamente de ropa, zapatos y juguetes) tendrán que abandonarla. De ellas, un tercio cerrará, otro tercio se desplazará a provincias del interior y el otro tercio, a países de la región con salarios más bajos. El estuario del Yangtsé, ubicado en la zona de Shanghai, más centrada en la electrónica y productos de mayor valor añadido, sufrirá menos que el del Río de las Perlas.

Las grandes ventajas que la falta de una legislación laboral adecuada daba a los capitalistas locales y extranjeros, una de las razones que hicieron de China la fábrica del mundo, se están, pues, erosionando. China, en especial la provincia de Cantón, tendrá que compensar con aumentos de productividad el crecimiento de los salarios para seguir siendo competitiva. Reorientando su industria hacia bienes de mayor valor añadido, el Gobierno chino actúa de forma valiente, como lo hizo, al arrostrar la competencia internacional con el ingreso en la OMC, en diciembre del 2001. El éxito de aquella operación fue enorme: crecimientos anuales de la exportación del orden del 30% y una acumulación de divisas próxima a los dos billones de dólares.

Ahora se trata de imitar a Japón y a los cuatro tigres asiáticos (tres de los cuales, Hong Kong, Taiwán y Singapur, son chinos), disuadiendo la producción de artículos intensivos en mano de obra en favor de otros de mayor contenido tecnológico, aún a riesgo de originar paro.

Eugenio Bregolat. Licenciado en Derecho por la UB. iIngresó en la carrera diplomática en 1971. Ha sido embajador en Indonesia, Canadá, Rusia y República Popular China
La Vanguardia


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