En las próximas décadas, el gasto para garantizar las pensiones se duplicará, hasta alcanzar el 16% del PIB, sin que eso parezca inquietar a nuestros gobernantes.
11-08-2008 - Solbes reconoció hace dos meses que la Seguridad Social necesita una ayuda para garantizar “la viabilidad final del sistema público de pensiones”, pero sus aspiraciones no han encontrado eco en su Gobierno. El Ejecutivo ya miró para otro lado cuando la patronal CEOE sugirió la idea de instaurar un sistema mixto de pensiones “a corto plazo”. Volvió a hacerlo cuando CCOO secundó la idea y una tercera cuando el Banco de España le advirtió de la necesidad de reformar el sistema de pensiones, porque de lo contrario “la sostenibilidad de las finanzas públicas será más larga y costosa”.
En esta ocasión, la Fundación de Estudios Financieros advierte de que las clases medias acabarán pagando los platos rotos de esta inacción. De entrada, la protección sólo está asegurada si hay un “aumento dramático” de las cotizaciones que soportan las empresas y los trabajadores, lo que no evitará un nuevo zarpazo en el déficit público. Existen soluciones, aunque requieren decisión política. Por ejemplo, aumentar a toda la vida laboral el cálculo para tener derecho a una pensión, aunque también se puede articular a través de una fiscalidad generosa que incentive a los ciudadanos a contratar productos financieros para costear su retiro.
Los técnicos aconsejan un sistema mixto de protección, sufragado a partes iguales entre el Estado y el bolsillo privado, como el que ya se ha experimentado con positivos resultados en buena parte de Latinoamérica. Esta revolución no tiene por qué abordarse necesariamente en el marco del Pacto de Toledo suscrito en 1995, que todavía pervive como un símbolo de cohesión social, aunque no es la única vía para afrontar la necesaria reforma de las pensiones.
Como resumió un miembro del Banco de España, afirmación que ahora respaldan otros muchos expertos, el peligro radica en “no hacer nada, porque eventualmente alguien tendrá que hacer algo”. Lamentablemente, la pasividad que el Gobierno muestra ante el deterioro de la economía no hace concebir esperanzas sobre la adopción de medidas para abordar un problema que algunos no perciben inmediato, aunque en realidad esté a la vuelta de la esquina.
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