"Personalmente quiero influir en Comisiones Obreras y en las decisiones que se toman, y me importa muy poco si soy la número dos o la número cinco". Lola Liceras
21-08-2008 -
Lola Liceras lleva doce años en la ejecutiva de Comisiones Obreras, es secretaria confederal de Empleo y forma parte del Consejo Económico y Social, aunque su compromiso sindical data de 1973 cuando desde las organizaciones obreras se trabajaba clandestinamente.
Lola Liceras pasó de ser delegada en su empresa a la dirección del sindicato y, a lo largo de los años, se ha encontrado con todo, desde quiénes la han apoyado a quienes la han cuestionado: “Cuando llegué a ocupar esta secretaría no me conocía nadie. El sindicato fue muy generoso al decidir que podía ocupar esta responsabilidad. Al mismo tiempo también ha habido momentos de bastante dureza, en el sentido de sentirme ‘ninguneada’. Esto también”. Aunque reconoce que es mucho más costoso encontrar la aceptación en otras organizaciones ajenas o desde el propio Gobierno: “Son sitios donde sí que se ve la idea de poder como el hombre que manda y la mujer que conoce y sabe pero que no manda. En mi caso, se me reconoce el trabajo pero no la capacidad de decidir y en ocasiones se pregunta por el compañero que se supone que es quien ‘manda’”.
Se habla de una de las mayores crisis económicas vividas en democracia (la última gran crisis fue en 1993) que conlleva la subida del paro y la destrucción de empleo y que afectará, sobre todo, a la población inmigrante y a las mujeres.
Nuestro país crecía mucho en los últimos años pero sólo en dos tipos de actividades, la construcción y el sector servicios, que ahora se tambalean. Los hombres trabajan más en el sector de la construcción, sobre todo los inmigrantes, pero las mujeres se emplean en el comercio, la hostelería. Con la crisis, las familias restringen el consumo y también prescinden de mantener o contratar a empleadas del servicio doméstico, mayoritariamente copado por inmigrantes.
Las prestaciones actuales no cubren al colectivo de inmigrantes ¿nos enfrentamos a un nuevo tipo de personas en paro?
Estamos “chequeando” la situación, conociendo cómo va a afectar a mucha gente que se irá al desempleo, indistintamente de que sean de otros países o de España. Hay que conocer cuál será su nivel de protección por desempleo, cuánto va a durar la prestación, porque nos tememos que serán cortas. Por tanto, hay que asegurar la red de protección, sobre todo teniendo en cuenta que la segunda red, los subsidios, están pensados para otro tipo de trabajadores (mayoritariamente hombres del sector industrial despedidos en los años 80 tras las reconversiones). Estos subsidios están sujetos a tener responsabilidades familiares y a ser mayor de 45 ó 52 años. La población desempleada ahora es sobre todo gente joven, inmigrantes y mujeres que no cumplen estos requisitos. Por ejemplo, las inmigrantes no tienen aquí responsabilidades familiares pero sí en sus países de origen.
Es evidente que la coyuntura no será la mejor y que el Gobierno tendrá menos recursos, pero es muy importante conocer la realidad.
¿Qué opinión le merecen las declaraciones del ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, sobre la creación de un programa de retorno voluntario para inmigrantes?
Es una medida coyuntural, que no resuelve ningún problema. No tiene que ver con una mejor regulación de los flujos migratorios, por tanto no resuelve que continúe llegando gente sin contrato de trabajo y sin permiso de residencia. Lo que hay que conseguir es que la gente no venga engañada, no sea explotada, máxime en una coyuntura de crisis. El retorno, en todo caso, habrá de ser voluntario.
Con la medida parece que nos queremos deshacer justamente de la gente que ya está más integrada, que tiene derechos, que ha generado prestación y que se inscribe como demandante de empleo. No tiene sentido prescindir ahora de quienes han hecho un gran esfuerzo de integración.
Las medidas no pueden ser coyunturales, ni darse al margen de una visión global del sistema de desempleo. Por ejemplo, el anterior ministro, Jesús Caldera, el primer mes de subida del paro anunció un programa de recolocación para los trabajadores de la construcción. Esto tampoco tiene ningún sentido. El Gobierno debería reactivar el sector de la construcción basándose en parámetros opuestos a la especulación, invirtiendo en infraestructuras públicas, en vivienda social…
Pero todas las personas que van a los servicios públicos de empleo han de tener las mismas oportunidades, sean trabajadores de la construcción o trabajadoras del comercio.
Habla de la necesidad de cambiar de modelo productivo. ¿Cómo habría de ser?
Es algo que desde Comisiones Obreras se ha repetido hasta la saciedad. Ahora se ve que esta afirmación estaba muy justificada. Es un error basar el crecimiento económico de un país en la construcción de viviendas residenciales a un precio desorbitado. Incluso las plusvalías del sector industrial o la banca se han reinvertido en la construcción, porque generaba beneficios de manera inmediata. Por eso decimos que hay que diversificar la inversión y llevarla hacia sectores de mayor productividad: el industrial, el tecnológico (investigación, desarrollo, innovación…). También hay que invertir en servicios de calidad, servicios a las personas (en situación de dependencia o en escuelas infantiles de 0 a 3 años) y en servicios públicos (educación, sanidad…).
Paradójicamente, el crecimiento del consumo ha “favorecido” el empleo de las mujeres en el sector servicios (un 70% de la población española trabaja en este sector), pero la segregación ocupacional sigue aumentando y ocasiona mayor desigualdad entre hombres y mujeres: unos a la construcción, otras al sector servicios.
Venimos denunciando desde hace tiempo esta situación de empleos vulnerables, que ante un cambio de ciclo o un menor crecimiento económico iba a afectar también a las mujeres. Por eso es importante el crecimiento equilibrado y la diversificación en actividades, de modo que haya empleos más estables y seguros y trabajadoras y trabajadores más cualificados y menos intercambiables.
¿No debería el Estado proteger la formación?
Si queremos hacer valer la cualificación de la gente hay que hacer valer las inversiones personales en formación y educación. El modelo de crecimiento actual ha incentivado indirectamente el abandono escolar de la gente joven porque en teoría se podía trabajar con 18 ó 20 años (dinero inmediato en empleos precarios). En el otro extremo, está la gente sobrecualificada (entre ella muchas mujeres) que tampoco encuentra su hueco en el mercado laboral.
Primero se habló, desde la Unión Europea, de la flexiseguridad (capacidad de las empresas para contratar y despedir), ahora se habla de una jornada laboral interminable.
Nos preocupan ambas cosas. La flexiseguridad viene a ser la flexibilidad para las empresas y la seguridad para quienes trabajan, pero ¡fuera de las empresas! Pero, ¿quién va a tener seguridad fuera de las empresas? Se dice “el Estado proveerá”: a través de la formación, servicios públicos de empleo, prestaciones por desempleo... Pero esto no va a ser posible si no hay recursos. Comisiones Obreras defiende la flexibilidad negociada en las empresas: distribución del tiempo de trabajo, horarios y organización más flexible para la plantilla, formación y movilidad dentro de la propia empresa... Y ya lo que riza el rizo en el ámbito europeo es la directiva sobre el tiempo de trabajo. Es volver a los inicios del movimiento obrero cuando se reivindicaban 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de sueño. El movimiento sindical tiene que luchar para que el Parlamento Europeo cambie esta directiva aprobada en el Consejo.
¿El movimiento sindical necesita funcionar en red para conseguir sus objetivos en un mundo cada vez más global?
Sí. Creo que esto es muy interesante y debemos saber hacerlo. Cada vez nos vamos a encontrar con más retos europeos o de carácter mundial. De hecho, ahora se presentan dos: dar la batalla frente a esta resolución del Consejo Europeo sobre la jornada de trabajo; y el emplazamiento para el 7 de octubre de 2008 de una jornada mundial por el trabajo decente. Hay que agruparse para conseguir ciertas reivindicaciones comunes.
¿Alcanzará nuestro país el compromiso adquirido en el Consejo Europeo de Lisboa del año 2000 de conseguir una tasa de empleo para las mujeres en 2010 del 60%?
En los últimos 10 años se ha incrementado la tasa de empleo y se ha reducido la tasa de paro. De hecho, estamos a 7 puntos de diferencia en tasa de empleo respecto al objetivo Lisboa (pero en el año 2000 estábamos a 19 puntos). Probablemente no vamos a llegar, sobre todo con la situación de crisis económica que va a hacer que bastantes mujeres pierdan el empleo.
Los hombres españoles ya son iguales a los europeos. En realidad, la diferencia como país con Europa se debe exclusivamente a la posición desigual de las mujeres. Por eso es muy preocupante esta situación de caída del empleo porque va a perjudicar va a las mujeres en ese objetivo de aumentar su tasa de empleo.
Las jóvenes estudian para competir en el mercado laboral, optan por no tener criaturas y defienden su profesionalidad. Todo forma parte de estrategias individuales, sin embargo, ¿qué políticas públicas de igualdad cree que serían necesarias?
En los últimos años las mujeres con empleo se han duplicado (de 4 a 8 millones). Las mujeres han decidido, de manera individual, que querían ser autónomas teniendo un empleo, y han luchado por ello. Sus estrategias han sido estudiar mucho (hay más universitarias que universitarios) y no tener hijos o tener pocos o tenerlos más tarde. Las mujeres han hecho lo que estaba en su mano. Sin embargo, no han sido apoyadas por políticas de igualdad. Ahora empieza a removerse un poco esta situación con la ley de igualdad (una ley en la que se han implicado muchísimo las mujeres de Comisiones Obreras). Ahora el gran reto es hacer cumplir la ley en el ámbito laboral.
Sin embargo los planes de igualdad sólo afectarán a aquellas trabajadoras vinculadas a grandes empresas…
Pero no podemos olvidar que la ley también dice que hay que negociar en todos los convenios colectivos medidas de igualdad. Nos quedaríamos muy cortos si sólo pensáramos en los planes. Hay que pensar también en las medidas, porque en este país hay muchos convenios colectivos (el tejido productivo es de pequeñas empresas). En las ponencias del próximo congreso se dice que antes de que acabe el año 2010 Comisiones Obreras debe evaluar la negociación colectiva en relación a planes y medidas de igualdad.
¿Cómo se está trabajando para alcanzar la paridad dentro de Comisiones Obreras?
Aunque la ley de igualdad no obliga formalmente a los sindicatos, Comisiones Obreras va a cambiar sus estatutos para alcanzar la paridad. Hasta ahora se establecía el mismo porcentaje de mujeres en todos los ámbitos de decisión en relación al porcentaje de afiliación femenina. Ahora se va a cambiar para conseguir la paridad desde el inicio, desde las empresas, habrá que hacer algunas adaptaciones para conseguirlo, pero se hará.
Por eso es muy negativo que haya algunas organizaciones que estén proponiendo crear un nuevo órgano de dirección conformado por los secretarios generales, porque aquí sería imposible conseguir la paridad, la mayoría de los secretarios generales son hombres. Por tanto, es un contrasentido que estemos cambiando los estatutos para conseguir la paridad y, al mismo tiempo, se quiera cambiar los estatutos para crear ese órgano de dirección no paritario.
¿Cómo concibe el poder?
Lo entiendo como la capacidad de influir en base a dar razones respecto a la defensa que se hace de cualquier posición. Creo que -en general, tampoco quiero decir que las mujeres tengamos una manera de ver el poder, y los hombres, otra- pero sí creo que, en general, las mujeres buscamos más la manera de influir que la de mandar en el sentido jerárquico. Personalmente quiero influir en Comisiones Obreras y en las decisiones que se toman, y me importa muy poco si soy la número dos o la número cinco. Eso me da igual. Esa es mi idea de “poder”, un poder menos jerárquico. Lo que es evidente es que las mujeres tienen que estar en los órganos donde se influye.
Hay más trabajadoras, más afiliadas al sindicato es lógico que haya también más dirigentes mujeres ¿Cree que se está haciendo un buen debate y se está reflexionando sobre este aspecto en el conjunto de la organización?
En estos últimos años, el empleo de las mujeres ha crecido más que el de los hombres, y también la afiliación femenina ha crecido más que la masculina. Las sindicalistas se lo han peleado y hay más en los ámbitos de decisión.
Hace doce años, en las secretarías de Empleo sólo éramos dos mujeres: una en Cataluña y yo misma en la Confederación. Y ahora somos 11. Hay otro cambio, las secretarías consideradas como importantes y, por tanto, masculinas, también han perdido valor de uso. En la última legislatura, la ley de igualdad ha sido la “ley estrella” del Gobierno, y las sindicalistas la han trabajado, discutido y defendido; la ley de atención a las personas en situación de dependencia, se ha trabajado desde las secretarías de Política Social del sindicato, encabezadas mayoritariamente por mujeres; cada vez hay más mujeres que defienden las políticas de empleo, etc… Por eso ya no tiene sentido clasificar las secretarías como importantes y menos importantes, porque justamente ahora, las que se suponía que eran menos importantes han cobrado relevancia.
Siempre que se habla de las trabajadoras aparece rápidamente la palabra conciliación. ¿Han cambiado o están cambiando las necesidades de los varones en relación a este tema o les resulta terreno ajeno?
Queda mucho camino por recorrer. Las mujeres han cambiado de manera radical respecto a su posición en el empleo y se han incorporado a todo tipo de trabajos, y sin embargo los hombres han cambiado muy poco respecto a su posición en el ámbito doméstico. Lo que sí que hay que poner en valor es que, a pesar de las dificultades de las mujeres para conciliar, y que la conciliación sigue recayendo sobre ellas, las mujeres han sido guerreras y han tomado decisiones que han hecho cambiar la sociedad.
Carmen Briz
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