Resulta chocante y bastante contradictorio, vender “cultura” y gravar los artilugios y útiles para poder consumirla.
28-08-2008 -
.,"No tengo ninguna duda de que justificar el canon sobre el único argumento de las copias legales de seguridad, es un camelo y una estafa en toda regla. Las copias de seguridad no inciden absolutamente nada, en el normal desarrollo comercial del producto. Camelo y estafa que quedan totalmente al descubierto al no quedar exentos de canon la mayor parte y cantidad de estos productos, cuyo uso se destina en masa, a menesteres cotidianos comerciales, empresariales o personales, totalmente ajenos al uso mínimo, casi despreciable, destinado a copias privadas de seguridad. Por otro lado resulta chocante y bastante contradictorio, vender “cultura” y gravar los artilugios y útiles para poder consumirla. Se paga la obra, el canon estafa por copia de seguridad y el canon estafa, por el reproductor, como elemento indispensable para disfrutar lo que ya se compra con ese derecho"..
Cuando,
previo pago y en un mercado legal y debidamente regulado, obtengo una
copia de obra musical, literaria o cinematográfica, sobre cualquier
soporte, consigo una licencia de por vida, para mi particular uso y
disfrute de esa obra. Cuando hago una copia de seguridad, no estoy
perjudicando en nada al autor, ni impidiendo una nueva venta de ese
producto, puesto que nunca voy a usar las dos copias a la vez. Nunca
voy a adquirir dos copias del mismo producto, ni nunca me voy a
beneficiar en nada por disponer de esa copia de seguridad, más allá de
ampliar la garantía, en el tiempo, de la disponibilidad de mi licencia
de uso, sin caducidad.
No tengo ninguna duda de que justificar el canon sobre el único
argumento de las copias legales de seguridad, es un camelo y una estafa
en toda regla. Las copias de seguridad no inciden absolutamente nada,
en el normal desarrollo comercial del producto. Camelo y estafa que
quedan totalmente al descubierto al no quedar exentos de canon la mayor
parte y cantidad de estos productos, cuyo uso se destina en masa, a
menesteres cotidianos comerciales, empresariales o personales,
totalmente ajenos al uso mínimo, casi despreciable, destinado a copias
privadas de seguridad. Por otro lado resulta chocante y bastante
contradictorio, vender “cultura” y gravar los artilugios y útiles para
poder consumirla. Se paga la obra, el canon estafa por copia de
seguridad y el canon estafa, por el reproductor, como elemento
indispensable para disfrutar lo que ya se compra con ese derecho.
Ahora arremeten contra el P2P, con la ferocidad y la arrogancia del que
se puede permitir arrollar los derechos ajenos, frenar la evolución y
el progreso tecnológico, e invadir la inalienable intimidad y
privacidad de las personas. Toda una serie de legalizaciones contra la
justicia que agreden intereses y derechos de miles de millones de
ciudadanos para preservar el de un puñado de personas que no aceptan la
evolución que impone los avances de la civilización aferrados a su
forma de vida, sin importarles todos aquellos que cayeron antes y
quedaron tirados, desechados o se adaptaron a las nuevas tecnologías.
Millones de artesanos de distintos oficios fueron sucumbiendo y
aceptando la crueldad fría e imparable del progreso, sin que ningún
gobierno, sindicato o colectivo organizado cualquiera, defendieran su
méritos y derecho a la subsistencia.
Los mismos gobiernos que practican el buenismo con la delincuencia y el
hampa del crimen terrorista, promulgan leyes que privilegian a los
vividores y llevan la discriminación agresiva, pegada a la amenaza
penal, contra la honradez y el derecho. Se da largas a una delincuencia
que permite el endurecimiento legal sobre la decencia, como principal
obstáculo para abrir puertas a sus intereses bastardos. Se persigue y
acosa en nombre de la misma cultura, que se impide y persigue en su
expansión y en su suministro y adaptación escolar, universitaria y
social, por sus canales establecidos y habituales, entre los que
siempre estuvieron y seguirán estando -por encima de gobiernos y de sus
leyes contra la cultura y privilegiando el negocio- el de regalar,
prestar o repasar, sus contenidos, dando continuidad a la antiquísima y
cristiana practica de enseñar al que no sabe. Se priva al ciudadano de
los medios de enriquecimiento erudito e ilustrativo, en todas sus
formas culturales presentes y tradicionales, mientras se les persigue y
expolia en nombre de una anticultura comercial para borregos. Amenazan
con el código penal y con negar el acceso a la libertad cultural, del
conocimiento y de expresión, a los que ejerzan a su derecho a disponer
de obras compartidas, a pesar de no existir un sistema que les permita
diferenciar la cultura libre, tan abundante o más, que la del negocio
del copyrigth anticultura, solo útil para el vaciado y perversión
intelectual, y para el enriquecimiento de los que viven de la
subvención y canonjías, criminales, regaladas por gobiernos
corporativos y pagados con los impuestos de los que sufrirán esas leyes
penales. Los estados como guardianes y responsables de la formación
cultural de los ciudadanos, que los mantienen, deberían perseguir y
prohibir más del 50% de la basura que se opone frontalmente a su labor
y resultados. Por el contrario promueven la conveniente ceporrez de sus
electores, para su fácil engaño y control, regalando privilegios a sus
colaboracionistas, con carnet de ‘artista’. Un ciudadano ignorante, es
un esclavo asustado, servil en la dependencia y leal a la mano que le
da de comer. Un voto útil, rentable, cómodo, servil y barato.
La expansión y el intercambio cultural no puede tener fronteras, ni
limitaciones. Que esos millones de lechuguinos, petimetres vividores,
sucedáneos de artistas, se arruinen y dejen de hacer esa porquería
político-cultureta, es lo mejor que le puede pasar al mundo del arte y
la cultura. Dejarían de robar el espacio y el protagonismo a la
verdadera, rica, grande, esplendorosa y brillante, y, como debe ser la
auténtica cultura, gratuita y accesible por obligación y por derecho.
Las ideas son patrimonio de la humanidad. El que no las quiera
compartir, que las oculte si puede. Patentar una idea es sacrificarla
por el resto de los tiempos, impidiendo su fluidez en libertad, cuando
surga de la mente o el ingenio de otra persona dispuesto a compartirla
altruistamente. Se vive del trabajo, no de leyes que impongan
injusticia, miseria ideológica con formato de arte, obstrucción a la
normal evolución y represión.
La cultura no puede ser negocio. No puede estar limitada a los que
puedan pagarla o conseguirla. Es la prolongación de la belleza natural
y de las sensaciones que elevan al ser humano. Para que sean arte y
cultura no se puede tasar ni vender al peso. Ha de ser universal.
Prohibir el derecho de autor despeja y abre espacios al auténtico arte.
A la auténtica cultura. A esa que fuera de intereses, solo es
considerada por su valor exacto, condenando la anticultura al molar. El
único interés que distinga a cualquier obra, es que llegue a ser
compartida, por cuantos más mejor, hasta que la admiración y el
disfrute de su belleza y de sus enseñanzas, traspasen todas las
fronteras del mundo y llegue su esplendor hasta los últimos rincones
del planeta. Disfrutar de la mejor y más universal música, literatura,
pintura, escultura, arquitectura, teatro ..., nos obliga a remontarnos
a épocas en que sus autores ni se les habría ocurrido pensar en sus
derechos. Muchos ni siquiera soñaban con disponer de una despensa y un
camastro bajo techo. El arte, la sensibilidad, la pasión, la armonía,
el amor, la inquietud, el odio, el deseo, todo aquello que transmite y
da vida al arte que amamanta a la cultura y nutre las virtudes humanas,
mana irremisible e incontroladamente de lo más hondo del alma de sus
creadores, sin ninguna posibilidad de evitarlo en una acuciante
necesidad de expresarlo y plasmarlo para compartirlo y revivirlo en el
semblante de sus admiradores.
Solo la basura se aferra a su basura, para interponerla entre la
cultura y su interés, promovido y reconvertido en arma política, contra
la formación espiritual y contra el carácter intelectual de sus
ciudadanos, que refuercen su libre albedrío y todas sus capacidades
como medio de superación. La rala calidad cultural de los expoliadores,
es directamente proporcional a la inutilidad e inepcia de los gobiernos
que los utilizan y los compran con nuestros derechos y la imponen
achicando los espacios y la motivación a los verdaderos dioses de la
creación cultural. Unos gobiernos incultos, ignorantes, antisociales y
avaros, con la sola preocupación de hundir a su nación por debajo de su
inutilidad. Gente sin valor, barriobajera de arrabal, dedicada a
provocar y exacerbar los ánimos de pueblos y naciones, por la miseria
de una poltrona , donde se ‘pinga’ como una vulgar gallina en corral
ajeno y a disponibilidad del mejor postor para venderle el manejo
arbitrario de los poderes delegados para servir a la soberanía
nacional. Gente mediocre que convierte en calderilla el honor, el
derecho y la dignidad de naciones cuyas aptitudes y calidad humana, se
elevan muy por encima de ellos.
No al derecho de autor. No a las patentes. No a las barreras
culturales. El que deje de obtener beneficios del negocio de su arte,
que cambie de ofico, como ya hicieran millones, zapateros, carpinteros,
costureros, carboneros, arrieros, segadores, escayolistas,
picapedreros, pescadores y tantos y tantos otros. Si se protege a los
autores y titiriteros, que se indemnicen y protejan a todos los demás
extinguidos en el empuje del progreso, también.
"El verdadero patriota protege a su país de su propio gobierno". Dirk-Peter van Uys
Reproducido de HUMANIDAD Y TIEMPO
NOTA DE LA ASOCIACIÓN DE INTERNAUTAS:
...Es como un cuento perverso en el que los poetas atracan a su
pueblo, los cantantes llaman piratas o pendejos electrónicos a los
ciudadanos honestos, los músicos cambian sus instrumentos por
calculadoras y a los autores les inspira la letra de las leyes y de los
reglamentos para aplicar tasas. Una verdadera pesadilla, para salir de
la cual basta con abrir los ojos y no dejarse engañar.
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