Reducir el absentismo quiere decir, en principio, el respeto adecuado a las normas legales y contractuales, esto es, situar el problema exactamente donde está.
01-09-2008 - El boletín diario de comfía del pasado viernes recoge un artículo publicado por El País que trata del controvertido asunto del absentismo laboral: este es un tema recurrente a lo largo y ancho de la historia de las relaciones laborales. Pues bien, resulta que el Departament de Treball de la Generalitat de Catalunya ha publicado unos datos sobre “las horas no trabajadas” y, a partir de ahí, se ha reabierto la consiguiente polémica.
Lo diré medianamente protocolario: el Departament de Treball no ha hecho las cosas con fundamento. Es más, estimo que no ha ayudado adecuadamente al debate porque su contenido es equívoco, lo que da pié al artículo de El País escasamente clarificador. La base del informe del Departament de Treball son “las horas no trabajadas”, esto es, la diferencia entre las previstas y las finalmente ejecutadas. Pero, como se verá más adelante, esta no es la definición más (legalmente) exacta del absentismo laboral. Lo que lleva al mencionado informe (y al artículo referido) a una permanente confusión. ¿Por qué? Porque en las horas no trabajadas –repito, no sinónimas de absentismo— están incluidas la baja maternal y las horas de los representantes de los trabajadores en el ejercicio de su cargo: unas y otras recogidas en la normativa legal.
Llama la atención la distracción del informe institucional: afirma que “la mayor parte de las horas no trabajadas, el 65 por ciento, se debe a los días de fiesta (30,9 horas). Parece evidente que durante los festivos no se trabaja, ¿pero qué quiere decir el redactor del informe cuando deja caer un dato tan anómalo? Por otra parte, la distraída confusión afirma que “las bajas por maternidad sólo suponen el 4,2 por ciento”. La pregunta es: ¿a qué se debe tan descomunal despiste? Porque, hasta donde me llevan mis entendederas, un tanto mermadas por el paso del tiempo, la baja por maternidad puede ser un dato sociológico, pero –en el cuadro de la legislación en vigor—no es legalmente un tiempo no trabajado. Y sigue el despropósito cuando añade otro considerable porcentaje a las horas no trabajadas por los “puentes” que no se recuperan. ¿De qué puentes se está hablando? Porque para ellos y para el conjunto del sistema tiempo de trabajo ¿no habíamos quedado en la conveniencia del cómputo anual, previamente negociado en los calendarios de cada centro de trabajo en base a lo negociado en el respectivo convenio colectivo?
Así, pues, no es de extrañar que las organizaciones empresariales –aprovechando que el río Genil pasa por Parapanda y el Besós por Sant Adrià— hayan construido un discurso en el que se contabiliza la gigantesca cifra de 2.677 millones de euros en Cataluña y 12.000 millones en toda España: un colosal trampantojo que, sobre todo, mezcla intencionadamente churras con merinas. Más todavía, a partir de esta mezcla irregular de condimentos se construye un razonamiento harto curioso. Por ejemplo, Modest Guinjoan, el responsable de estos cálculos empresariales considera que "el hecho de que las causas estén justificadas no quiere decir que no sea absentismo, a efectos prácticos, para el empresario, el problema es el mismo, y se debe reducir". Este economista no distingue, con picardía revisionista, entre “causas justificadas” y “absentismo” (a efectos prácticos), entre aspectos sociológicos y contenidos legales. Es posible que Guinjoan se dijera, al leer el informe del Departament de Treball: “A bodas me convidan”. Lo que no le quita, sin embargo, la razón cuando afirma que el problema del absentismo se debe reducir. Cierto.
Ahora bien, reducir el absentismo quiere decir, en principio, el respeto adecuado a las normas legales y contractuales, esto es, situar el problema exactamente donde está. En ese sentido, por ejemplo, debería estudiarse, de un lado, la relación entre condiciones de trabajo y sistemas de organización del trabajo y, de otra parte, el absentismo. Para entendernos, la relación existente entre “trabajo decente” (en los términos que Juan Somavía dejó dichos: libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana) y absentismo. Se recuerda al público que don Juan no es un peligroso activista sindical: ejerció durante años la Presidencia de la OIT, un organismo tripartito de gobiernos, organizaciones empresariales y sindicales. Dejémoslo aproximadamente claro, también el absentismo es una reacción `sociológica´, con mayor o menor fundamento (aunque escasamente eficaz) al déficit de humanización del trabajo.
En resumidas cuentas, de los polvos del Departament de Treball han venido estos lodos veraniegos.
José Luis López Bulla
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