El pasado mes, con el voto de los dos partidos mayoritarios, quedó 'dinamitado' el principio de Justicia Universal. La aportación jurídica más importante que nuestro país ha realizado al derecho internacional penal. Pablo Surroca, miembro del Secretariado de Jueces para la Democracia, lo comenta.
30-06-2009 - La reforma pactada por los grupos en el Congreso limita a la
jurisdicción española para investigar los delitos de genocidio, lesa
humanidad o terrorismo ocurridos fuera de nuestro país. En estos
momentos la Audiencia Nacional tiene admitidas a trámite trece causas
que van desde las torturas de Guantánamo, los crímenes de guerra en
Gaza, el genocidio en Guatemala o la muerte de José Couso. “Resulta
ciertamente preocupante -advierten desde Jueces para la Democracia- que
nuestros responsables políticos hayan decidido plantearse la
introducción de limitaciones en la legislación vigente al socaire de
asuntos que afectan a potencias mundiales. Bien parece que la necesidad
de limitar la protección de los derechos humanos surja solamente ante
los poderosos”.
-¿Consideran esta reforma un paso atrás en la defensa de los Derechos Humanos universales?
-Desde
luego un paso adelante no es. Y además va en la línea marcada por otras
reformas como la de la Ley de Extranjería o la Ley de Asilo. En estos
momentos de crisis económica a nivel mundial la respuesta no debe ser
recortar los derechos sociales y facilitar la impunidad de graves
crímenes contra la humanidad.
-El Derecho Internacional impone a todos los Estados la
obligación de perseguir crímenes contra la Humanidad se produzcan donde
se produzcan. ¿Supone esto -como algunos defienden-, meterse en
territorio de la justicia de otros países?
-Evidentemente
el principio de jurisdicción universal parte de que determinados
crímenes, los más abyectos y aberrantes, repugnan al conjunto de la
humanidad y por ello pueden ser perseguidos en cualquier lugar del
mundo dado que trascienden al territorio concreto donde tales delitos
han sido cometidos.
-España fue uno de los pioneros en
aplicar este principio de justicia universal pero parece que cuando
ésta recae sobre Israel, EEUU o China la cosa cambia. ¿Priman intereses
políticos por encima de la justicia?
-Esa es desde luego
una más que legítima impresión. Cuando se trataba de perseguir
genocidios en países iberoamericanos no se planteaban tantos problemas,
pero cuando nos “metemos en los asuntos” que afectan a grandes
potencias parece que la cosa cambia.
-Algunos apoyan esta
decisión basándose en el hecho de la saturación y sobrecarga de nuestro
sistema judicial y de la escasez de medios con los que cuenta. ¿Cuál es
su opinión?
-Esos argumentos pueden explicar la falta de
interés en perseguir este tipo de delitos pero desde una perspectiva
ética y legal jamás pueden servir para justificar la postura. Las
razones prácticas o puramente economicistas no pueden dar cobertura a
reformas que menoscaban conquistas en la defensa de los derechos
humanos.
-Al final, el espíritu de la reforma parece que
viene a decir que “la justicia española es para los españoles...”
¿Alguna reflexión desde Jueces para la Democracia?
-Llama
la atención y resulta paradójico que en la era de la globalización cada
vez se pongan más cortapisas a las actuaciones jurisdiccionales
transfronterizas. Hay que terminar con los espacios de impunidad de los
que se han beneficiado los grandes criminales. En tanto no esté
desarrollada plenamente una Jurisdicción Internacional que pueda
perseguir con plena eficacia delitos contra la humanidad en cualquier
lugar del planeta, y los países directamente afectados no permitan la
investigación de este tipo de delitos, la actuación de los jueces
nacionales de otros países es la única vía que queda abierta para
conseguir justicia.
Fusion
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