El Iese aboga por transferencias condicionales de fondos y el comercio mundial en favor de los países pobres.
03-07-2009 -
Que la crisis afecta más a los pobres que a los ricos parece una verdad que no necesita demostración. Pero el número de junio de los Comentarios de Coyuntura Económica del Ieseprofundiza en las relaciones entre recesión mundial y pobreza y muestra que son más complejas de lo que parecen. El autor del artículo en cuestión, el profesor Rolf Campos, se pregunta cómo afecta la reducción del PIBal bienestar de toda una sociedad, tanto desarrollada como en vías de desarrollo. Las primeras poseen economías diversificadas y mecanismos de protección social, de los que el subsidio por desempleo es el mejor ejemplo. Las sociedades pobres carecen de garantías, pero paradójicamente estarán protegidas por las mismas cosas que las han mantenido en la pobreza: aislamiento geográfico y escasa conexión con los mercados nacionales e internacionales. “Cuanto más alto vuelas, más bajo caes. Evidentemente, si no tienes nada, no tienes nada que perder si cae el mercado global”, explica Campos a LA GACETA.
Hay
otra clave: la capacidad de maniobra política de los gobiernos de
países en desarrollo. El documento del Iese señala una medida de
probada eficacia y al alcance de todos: las llamadas Transferencias Condicionales de Fondos (TCF):
programas que dan dinero directamente a los pobres a condición de que
escolaricen a sus hijos o los lleven al centro de salud con
regularidad. Es el caso de programas como Food-for-Education en
Bangladesh, Progresa y Oportunidades en México y Bolsa Escola en
Brasil. Su propósito es la salida sostenible de la pobreza, combinando
las subvenciones con compromisos que rompan la transmisión de la
pobreza intergeneracional. Estos programas están diseñados para
resistir a la corrupción o al gasto improductivo, pues los
beneficiarios se eligen con criterios objetivos observados por los
gobiernos y sus socios internacionales, lo que hace más creíbles las
evaluaciones, que además suelen hacerse públicas.
Directo a las madres
El dinero transferido depende directamente del número de niños de cada hogar y la persona que recibe el dinero es la madre, pues está probada su responsabilidad a la hora de circunscribir el gasto a las necesidades de los niños. Casi todos los programas TCF exigen un 80% o más de asistencia escolar y algunos incluso estipulan cotas de rendimiento, como notas mínimas. En Brasil, El Salvador y México los requisitos educativos y sanitarios se cumplen al 90% o más entre los alumnos matriculados. En Brasil, El Salvador y México los requisitos educativos y sanitarios se cumplen al 90% o más entre los alumnos matriculados.
En Brasil, El Salvador y México los requisitos educativos y sanitarios a cambio de fondos los cumplen al 90% los alumnos
El autor insiste en la bondad de estos programaspor medio de ejemplos: México consiguió reducir los efectos negativos de la crisis alimenticia de 2008 con un pago adicional a los participantes del programa Oportunidades; en Indonesia, el programa Jaring Pengamanan Social redujo la tasa de abandono escolar entre sus beneficiados durante la crisis financiera de 1998. El artículo se abona a la acepción de crisis como oportunidad, pues crea las condiciones extremas necesarias para catalizar las reformas estructurales sin las que no se terminarán de desarrollar exitosamente las medidas TCF.
¿Y qué pueden hacer los países ricos por los pobres? Según Campos, hacer frente al problema de la creciente pobreza requiere de un Fondo Monetario Internacionalmás fuerte, pero sobre todo de un Banco Mundial más poderoso. “Nos preocupamos mucho de la crisis financiera y de reforzar el FMI, pero no se habla tanto como se debería de reforzar el Banco Mundial, que tiene a su cargo la economía real. Ésta debería ser la primera medida a corto plazo”, comenta Campos.
El BMinterviene en la administración de programas TCF en todo el mundo, en el papel del agente externo que audita las transferencias y se asegura de que los fondos enviados no se desvíen por el camino. En segundo lugar, urge promocionar el comercio internacional, gracias al cual millones de personas han salido de la pobreza en las últimas décadas. La previsión del FMI es que caerá un 11% en 2009 por culpa de la integración vertical en fabricación, especialmente concentrada en países asiáticos. El G-20 en Londres abordó este problema y, al parecer, alineó los intereses de países desarrollados y en vías de desarrollo en una apuesta común por el libre comercio. “Pero de los 20 países, 17 ya se han desmarcado y han empezado a poner trabas al libre comercio, volviendo a cierto proteccionismo. Fue un brindis al sol. Cuesta ser solidario en tiempos de crisis”, concluye el profesor.
Si en España la situación es alarmante, con un paro disparado hacia el 20% y el déficit hacia el 10%, los datos que arrojan otras zonas bastante menos favorecidas del planeta resultan directamente deprimentes. Según el Banco Mundial, la recesión global forzará en 2009 a 46 millones de personas a subsistir con menos de 1,25 dólares al día. Unos 53 millones más quedarán por debajo de los dos dólares diarios. Y según la Organización Internacional del Trabajo, sólo en Asia podrían hundirse en la pobreza más de 140 millones, y 23 millones podrían perder sus puestos de trabajo este año.
La solidaridad internacionalha sido consagrada en los presupuestos generales de todos los estados desarrollados de Occidente. Hay partidas destinadas a cooperación y ayuda al desarrollo, pero, como explica a este periódico el profesor del Iese Rolf Campos, “si los PIB nacionales se contraen, ya no es cuestión de que los gobiernos decidan recortar esas partidas, es que disminuyen automáticamente”. Y la situación empeora aún más cuando los gobiernos, incluso los de sedicente ideología socialista, deciden reducir el volumen de las ayudas al desarrollo, uno de los capítulos que primero se aligeran de los Presupuestos en tiempos de carestía recaudatoria. Así, el pasado 22 de junio, el presidente Zapatero prometió durante su gira por Nigeria y Togo una ayuda al África Occidental de 240 millones de euros en tres años —como parte de los 1.000 millones en cinco años que prometió en enero en la Cumbre de Seguridad Alimentaria— y otra ayuda de 15 millones en cinco años para infraestructuras. Pero lo único cierto de momento es que el Ministerio de Industria ha aprobado un recorte de 30 millones al Fondo de Ayuda al Desarrollo y para la Internacionalización, que estaba dotado inicialmente con 250 millones.
Por otro lado, el procedimiento de las ayudas directas como las anunciadas por el presidente presenta un grave inconveniente: la corrupción del destinatario. Como explicó el diario El País, el comunicado final de la cumbre en la que Zapateroprometió los 240 millones “eludió, sin embargo, mencionar la grave lacra de la corrupción que explica, por ejemplo, que más del 70% de los 140 millones de habitantes de Nigeria vivan por debajo del umbral de pobreza, pese a ser el primer productor de petróleo de África, con 1,7 millones de barriles diarios”. Eso sí, aquella declaración aboga por “apoyar la consolidación de los procesos democráticos” y la lucha contra “el recrudecimiento del tráfico de seres humanos, drogas y armas”.
Jorge Bustos
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