Cuando se trata de movilidad laboral, los españoles siempre son calificados como tradicionales, poco arriesgados o incluso acomodados. Pero lo cierto es que esta es una tendencia que está cambiando y que la crisis ha modificado sustancialmente.
10-03-2010 - Tanto es así que el 62% de las personas en edad de trabajar estarían
dispuestas a cambiar de ciudad para conseguir un empleo. Esta es la
principal conclusión del “Tercer estudio de movilidad laboral” de Randstad”, líder en
soluciones de recursos humanos.
Esta cifra es
significativamente superior cuando la persona está actualmente sin
empleo (un 68% cambiaría su domicilio) que cuando está trabajando (un
54%). Esto indica que la preocupación por el empleo ha llegado a la
mayoría de candidatos, ya que incluso cuando éstos tienen un empleo,
muestran su preocupación por la situación laboral y su disponibilidad
al cambio de residencia.
Otro punto a destacar del informe de Randstad es la
diferencia por nacionalidad. La disposición que muestran los encuestados
para cambiar su lugar de residencia con el objetivo de conseguir un
empleo es significativamente mayor entre extranjeros que entre
españoles: un 81% frente a un 58%. Estos datos ponen de manifiesto que
la movilidad laboral se ha incrementado más en el último año entre los
trabajadores inmigrantes (del 73% a un 81%) que entre los españoles (del
56% al 58%). Y es que éstos han sido uno de los colectivos más
perjudicados por la crisis, reduciendo su presencia en el mercado
laboral en términos absolutos y relativos. Esta mayor movilidad va unida
también a su propia condición de inmigrantes, que hace que su arraigo y
su vinculación sea menor con su ciudad de residencia y por tanto estén
más dispuestos a moverse.
Sobre esta tendencia a la movilidad
también influye que los extranjeros, en general, tienen un perfil
cualificado más bajo que los nacionales, lo que dificulta sus
posibilidades de encontrar un empleo. Esta menor cualificación está
motivada por distintos factores: o bien no han completado sus estudios
en su país de origen; o no han homologado sus títulos; o bien cuando han
llegado a nuestro país han empezado a trabajar en los puestos vacantes
en el mercado, independientemente de si están relacionados o no con su
profesión y experiencia y ahora es más difícil para ellos recolocarse.
Los hombres se moverían más que las mujeres
El estudio
de Randstad refleja que un 68% de los hombres (64% hace un año) se
trasladaría a otro lugar para encontrar un trabajo, pero en el caso de
las mujeres, el porcentaje llega al 56% (la misma cifra que el año
pasado).
Esta situación está influida por distintos motivos. En
primer lugar, los varones están sufriendo en mayor medida la crisis y
son conscientes de que las ofertas laborales se han reducido
considerablemente en los últimos dos años. Por otro lado, las mujeres
son todavía quienes llevan el mayor peso familiar y de ahí que su
vinculación personal sea mayor con su domicilio. En una cultura donde
los lazos familiares siguen teniendo un gran peso, las mujeres piensan
detenidamente sus opciones antes de alejarse de su círculo más íntimo,
lo que puede frenar su desarrollo profesional.
Los más proclives
la cambio son los profesionales de 30 a 44 años
Por edades, un
64% de los encuestados de entre 16 y 24 años manifestó su conformidad
con cambiar de ciudad si el trabajo lo requiere. En este tramo de edad,
apenas hay diferencias cuando tienen o no un empleo actualmente.
El
grupo de entre 25 y 29 años también se movería en un 64% de casos, pero
aquí si que hay diferencias significativas cuando tienen o no un
empleo. Mientras un 70% de desempleados entre 25 y 19 años se cambiarían
de ciudad para trabajar, cuando ya tienen un trabajo esta cifra se
reduce hasta el 58%.
Mayores diferencias se dan aún en el grupo
de entre 30 y 44 años, en el que el porcentaje de personas con
movilidad laboral llega a un 62%, pero que alcanza el 72% si están en la
actualidad buscando trabajo y que se reduce hasta el 50% cuando cuentan
con un empleo.
El contrapunto lo ponen el grupo de
profesionales de entre 45 y 65 años, que en su mayoría se niegan a
cambiar de ciudad por un empleo y que invierten la tendencia general: un
59% no cambiaría de ciudad por un empleo. Esta cifra aumenta aún más
cuando ya tienen un trabajo: un 79% de personas mayores de 45 años que
actualmente trabajan no abandonarían su ciudad. Cuando no tienen
ocupación, un 54% no cambiaría de ciudad, pero sí lo harían un 46% de
consultados.
La formación también influye en la movilidad
En
cuanto al nivel de formación, destaca que en todos los grupos la gran
mayoría cambiaría de ciudad por un empleo. Desde el 56% de las personas
con Bachillerato, hasta el 72% de las personas sin estudios. Esto
manifiesta que aquellas personas con menos formación y por tanto con
menos posibilidades a priori de conseguir un empleo, son los más
proclives al cambio residencial.
Como contrapunto se encuentran
los profesionales con un título universitario, que también muestran una
alta movilidad (un 67%). Estos candidatos se caracterizan por ser más
emprendedores en la búsqueda de empleo, ya que en muchos casos han
realizado con anterioridad prácticas o estancias en otras ciudades o
incluso países. Son conscientes de que en su desarrollo profesional es
necesaria una cierta movilidad y lo asumen como fórmula para alcanzar
sus metas laborales.
Perfil de la persona móvil
Tras
analizar todos los datos y conjugar todos las variables, el perfil de
una persona con movilidad geográfica sería el de un varón, de origen
extranjero, de entre 30 y 44 años, con un nivel formativo bajo y en
situación de desempleo.
Independientemente del género, el
profesional móvil contratado por las empresas suele ser una persona en
su segunda etapa profesional y con cierta experiencia, por lo tanto de
entre 29 y 45 años, con un nivel formativo alto y con un empleo. Y es
que cuando buscan las compañías buscan un trabajador para que se
traslade a otra ciudad, seleccionan a personas con una alta formación y
una contrastada experiencia.
Ventajas de la movilidad geográfica
La
movilidad geográfica ofrece un valor añadido a empresas y candidatos.
Permite a los trabajadores acelerar su curva de aprendizaje, contar con
un interesante bagaje cultural y desarrollar aptitudes que en el futuro
puede poner en práctica en su vida laboral. A las empresas les ayuda a
contar con recursos especializados con mayor rapidez en respuesta a la
demanda. La alta especialización que se requiere para algunos proyectos y
la escasez de determinados perfiles requiere esta movilidad, al tiempo
que abre más oportunidades a los especialistas.
Pero, ¿por qué
la movilidad en España es menor que en otros países? Esta escasa
preferencia responde a diversos factores ente los que cabe destacar la
cultura y el concepto de familia, la tradición de la vivienda en
propiedad que complica el cambio, la dificultad en varios tramos de edad
de cambiar de puesto de trabajo, el trabajo de la pareja o la
inseguridad de no conocer cuáles serán las condiciones de retorno en un
futuro.
Se trata de un concepto que está cambiando en nuestra
sociedad y que la crisis ha modificado sustancialmente, pero en el que
todavía España está a mucha distancia con respecto a otros países
europeos.
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