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Europa ensaya el gobierno económico

La idea de crear un Fondo Monetario Europeo reaviva el debate sobre la integración fiscal. El giro de Berlín, que quiere repartir la factura del fiasco griego, es crucial

15-03-2010 -

"Lo importante no es que Alemania proponga un Fondo Monetario Europeo (FME) sino que desee una mayor integración de la zona euro", señalaba el pasado viernes una alta fuente diplomática en Bruselas. "Esto habría sido impensable", añadía, "hace solo unos meses". En ese tiempo, la crisis griega ha puesto al descubierto el talón de Aquiles de la zona euro: la falta de un mecanismo de defensa que proteja a sus miembros cuando se vean sacudidos por la crisis.

“La disciplina no la impone Bruselas, sino los ciudadanos”, discrepa un experto

El giro de Alemania y su interés por crear un FME para rescatar a los países con dificultades hay que entenderlo como un intento de evitar pagar toda la factura de sus socios. La búsqueda de soluciones a la crisis se convierte así en un revulsivo a la integración de la zona euro.

El FME es la más llamativa de las iniciativas surgidas al calor de la crisis para cimentar un nuevo gobierno económico europeo. En la misma línea, el primer ministro belga, Yves Leterme, ha planteado crear un Ministerio Europeo de Finanzas y una Agencia Europea de la Deuda.

No es un debate nuevo. Hace casi dos años, en el décimo aniversario de la moneda única, el entonces comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, ya abogó por "reforzar la coordinación de las políticas presupuestarias y económicas" y promover "un gobierno eficaz" de la Unión Económica y Monetaria.

Pero hasta hace muy pocas semanas la referencia a un gobierno económico de la zona euro, abanderada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, era instintivamente rechazada por Berlín. La crisis griega ha trastocado los poderes en la Unión. Ahora es Alemania la que sugiere un mecanismo de ayudas. Y son los pesos pesados del Banco Central Europeo, Jürgen Stark y Axel Weber, también alemanes, quienes se muestran radicalmente en contra de la idea del FME. Temen que interfiera en el creciente poder de la autoridad monetaria, que eclipsa a la Comisión y demás instituciones europeas. El presidente del BCE, Jean Claude Trichet, con más perspectiva política, ha insinuado su apoyo al Fondo.

Un FMI europeo sería el primer paso para coordinar mejor las políticas fiscales, la pata coja de la zona euro. Sus valedores replican a los halcones alemanes del BCE que impondría disciplina financiera. Además, terminaría con las dudas respecto a la solidaridad financiera entre europeos, que han permitido a los especuladores ganar dinero a espuertas, atacando la deuda griega.

La financiación y funcionamiento del FME presentan serias dudas, pero constituiría un paso decisivo hacia una política económica común. Sus promotores saben que no es una idea para mañana pues precisa la reforma del Tratado. Poul Nyrup Rasmussen, líder de los socialistas europeos, que atribuye la propuesta a "un plan original" de su partido, teme que el FME "se centre demasiado en el aspecto monetario en lugar de promover el crecimiento y el empleo".

"Cuando una idea importante se pone sobre la mesa siempre surge una cacofonía de comentarios", apunta el economista Daniel Gros, del Centro de Estudios sobre Política Europea, que hace unas semanas lanzó una propuesta de diseño del Fondo. "El FMI europeo sería muy positivo, tanto para resolver problemas fiscales como para prevenirlos, si se hace bien", asegura Gros, que cree que 120.000 millones de euros serían suficientes para ayudar a países de tamaño medio.

Pero algunos expertos no tienen claro las ventajas. "Un FME sería más caro que el actual FMI para el mismo nivel de protección: cualquier sistema de seguro es más barato cuanto más diversificados estén los riesgos cubiertos. Además, puede ser difícil para países de la misma zona euro imponerse medidas los unos a los otros: pueden reverdecer las viejas animosidades entre vecinos, como ya ha sucedido entre Grecia y Alemania", asegura Tomás Baliño, ex subdirector del FMI. "Pero", admite, "puede servir para coordinar políticas fiscales".

Luis Servén, economista del Banco Mundial, cree que el hecho de que un país de la eurozona acuda al FMI "suena a vergonzante fracaso". "Esto, tomado literalmente, haría del FME una hoja de parra para cubrir las vergüenzas de la Unión". Charles Wyplosz, del Graduate Institute de Ginebra, va un paso más allá. "El FME es otra mala idea, que nace la vacuidad del Plan de Estabilidad, y lo más probable es que falle. La política fiscal es un elemento de la soberanía nacional, y la creación de un nuevo fondo que imponga políticas a los Gobiernos indisciplinados es un error. La disciplina, en nuestras democracias, las deben imponer los ciudadanos, no los burócratas de Bruselas".

El Pais


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