En los últimos tiempos, es bastante frecuente que en las charlas, eventos y seminarios a los que asisto se abra el debate y se ponga en entredicho la veracidad y verificabilidad de los datos que las grandes empresas aportan "voluntariamente" (más adelante matizaré este término) en sus informes GRI, sus memorias corporativas anuales o en sus aportaciones a estudios de asociaciones empresariales que actúan de observatorios de evolución y tendencias futuras en esta materia.
17-03-2010 - Desde mi punto de vista, y sin ánimo
de herir ninguna sensibilidad, este fenómeno no es de extrañar. Ante
todo quisiera dejar claro que se me antoja osado y pretencioso señalar
que el origen de esta cuestionada credibilidad sea una excesiva
cosmética por parte de las grandes empresas sobre los datos que aportan,
como desde cierta corriente de pensamiento se apunta. Más bien creo
que el principal de esta problemática se debe a que estos datos no son
contrastados ni auditados con la debida rigurosidad por los organismos
independientes receptores de los mismos, lo que puede llegar a generar
(si no se ha generado ya) un verdadero problema de confianza acerca de
las actuaciones en materia de Responsabilidad Social por parte de las
grandes corporaciones.
En este punto, cabe mencionar que
muchos sitúan el nacimiento de la Responsabilidad Social Empresarial en
la segunda mitad del siglo XX, cuando las grandes multinacionales
comienzan a deslocalizar sus actividades a paises emergentes (e incluso
del tercer mundo) en la búsqueda de mano de obra barata y apoyos
gubernamentales que en sus paises de origen se obtendrían difícilmente.
Así, a fuerza de noticias que saltan a la luz pública sobre actuaciones
poco loables en lo social y en lo medioambiental derivadas de la
actividad de algunas de estas empresas , y como una herramienta para
recuperar la reputación, en ocasiones muy debilitada, comienzan a surgir
las politicas empresariales de responsabilidad social.
De esta forma, y desde sus
orígenes modernos, la RSE es vista por muchos como una herramienta
reparadora y cosmética más que un fruto de la firme voluntad de estas
empresas por mejorar su entorno social, económico y medioambiental. Por
suerte, mucho han evolucionado estas prácticas de gestión responsable,
pero cierto es que sólo por el carácter expansivo y deslocalizado
geográficamente que es inherente a las grandes empresas, la repercusión
de la gestión responsable de éstas no suele tener un efecto meridiano
en su microentorno. En este sentido, se podría afirmar que las acciones
sociales de las grandes corporaciones a veces se "diluyen" cuando se
proyectan al mundo cotidiano y tienen un efecto en su entorno más
cercano poco perceptible, sino fuera porque su afinada maquinaria de
marketing se encarga eficazmente de recordárnoslas diariamente.
En el extremo opuesto están
las PYME, y especialmente las pequeñas y micro empresas. Su proximidad y
sensibilidad con el entorno social y económico las hace tener una
inmensa potencialidad para aplicar políticas de sostenibilidad, incluso
más que las grandes empresas en términos de repercusión social, aún a
pesar de disponer de recursos mucho más limitados. Para las PYME las
crisis de credibilidad se antojan poco probables ya que la repercusión
directa de cualquier actuación social, económica o medioambiental sobre
su microentorno (barrio, polígono industrial, localidad, provincia)
haría facilmente contrastable sus actuaciones.
Sin embargo, la paradoja es
que son varios los estudios que concluyen que el pequeño y mediano
empresario desconoce qué es la RSE y por añadidura son pocos los que
reconocen aplicarla. Y no es de extrañar ya que el modelo de RSE de las
grandes empresas (que es el que se busca encontrar en la PYME), en mi
opinión, no tiene ningún sentido. No encuentro lógico hablar de
informes GRI, memorias de sostenibilidad, innovación sostenible, etc.
aplicado a una pequeña y mediana empresa. Sí que veo, por el contrario,
necesario diseñar un modelo aplicado a las PYME en el que se le aporte
al pequeño y mediano empresario herramientas para que trasladen a su
cuenta de resultados y a su estrategia de negocio las inversiones (que
no gastos) que hacen en materia de RSE, porque muchos de ellos las
realizan voluntariamente y ni tan siquiera las identifican como tal.
Por otro lado, pocas de estas empresas tienen incorporado a su ADN
estrategias de comunicación y marketing que les permitan dar a conocer
su participación en proyectos sociales y de integración, de forma que
todo lo que sea asesorarlas para rentabilizar en términos de imagen
estas actuaciones ayudará mucho a capilarizar la RSE a todos los
ámbitos y dimensiones empresariales.
Pienso que en el momento en
el que la gestion empresarial responsable se "profesionalice" en el
mundo de las PYME será cuando más concienciación social existirá acerca
de la utilidad y necesidad de la RSE en los tiempos actuales y
venideros.
jrag
Diario Responsable
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