Hace unos pocos meses escribía sobre la necesidad de que las empresas y organizaciones entendieran en profundidad lo que significa ser socialmente responsables; y decía que fueran un poco más allá de sus objetivos económicos y que superaran el modelo de la Teoría de la Agencia[1].
03-09-2010 -
Que cambiaran la voluntariedad en la toma de decisiones socialmente responsables por la obligación. De lo contrario su responsabilidad social sería nada y estaría llena de vacío. Pues bien; sigo viendo con preocupación que el problema sigue y que muchas empresas continúan anteponiendo los beneficios a la riqueza. Porque, en efecto, generar riqueza no significa, prima facie, generar beneficios; significa construir empleo, desarrollo e innovación y un mejor entorno social con más posibilidades para el desarrollo de las personas. Más tarde vendrán los inexcusables y necesarios beneficios, que permitirán nuevas inversiones para seguir construyendo riqueza. Pero si se confunden estos objetivos y por su orden, las empresas pueden entrar en un círculo infernal donde solo cabe la ambición del más fuerte; por eso la responsabilidad social apela a la ética, pero la verdad es que muy pocos hacen caso.
Hago estos comentarios a propósito de unas últimas noticias que he comentado con amigos y expertos sobre el proceso de fusión entre dos importantes televisiones, Telecinco y Cuatro, encaminadas junto a otras cadenas a la creación de un duopolio[2]. Es un ejemplo que sirve a mi reflexión; porque en el fondo de este proceso de concentración hay unos objetivos claramente económicos en relación con adquisición de más cuota de mercado y, con ello, más control sobre los sistemas de financiación de los medios y las relaciones con los anunciantes que son, en definitiva los que mantienen el sistema. Pero dejando de lado las cuestiones económicas y centrándome en los comentarios con los que inicio estos breves párrafos me hago la siguiente pregunta: ¿por qué no se cuestiona la posible falta de responsabilidad social sobre lo que pretenden estas empresas? ¿No es este el lugar para preguntarnos sobre aquellos otros aspectos que afectan al modelo de televisión? Que no se ponga por delante lo que no debe ponerse, -me refiero a todo eso de las cuotas y el mercado-, y que se piense un poco antes en si esa concentración puede afectar de modo muy negativo a los contenidos de los programas y a la pluralidad de la información y, en el fondo, al modelo de televisión que parece estar creándose. Me resulta cuando menos chocante que cuando se menciona la televisión o los medios no se hable de empresas, que son lo que son, y no se apliquen esas exigencias éticas que por lógica se aplican a las empresas de otros sectores. Porque un proceso de esas características puede afectar a la diversificación de ofertas televisivas y, con ello, a la calidad de los contenidos y a la posibilidad del propio ciudadano de optar en la pluralidad. Ese proceso de concentración exige plantear por tanto si es ético hacerlo respecto a las personas que vemos la televisión, -las audiencias-, y respecto a todo ese conjunto de grupos de interés que conforman el panorama de los medios en España.
A mi modo de ver, en la actualidad, -con independencia de algunas respetables acciones más cerca de la deontología que de otra cosa-, las televisiones como empresas son socialmente muy poco responsables; es que parece que ni se lo plantean, o si lo hacen, lo hacen en términos tan oscuros y discutibles como la libertad de expresión o es lo que pide la audiencia, que es como decir ese tema a mi no me afecta. Porque parece claro que los contenidos de los programas se miden por la audiencia y la financiación que dicha audiencia les permite en términos de GRP´s; pero si nos limitamos a eso, resulta que el enfoque económico anula absolutamente la calidad de un programa y la conveniencia del mismo respecto de los diferentes públicos que pueden acceder a dichos contenidos. Una pena. Y claro cuando se produce un proceso como el que estoy comentando, si antes la responsabilidad social de una televisión ni se cuestionaba ahora todavía menos. Como ya he dicho, tampoco se plantean preguntas tan graves como ¿hacia qué modelo de televisión se está uno dirigiendo?; porque esta pregunta corresponde al largo plazo y solo el corto plazo, -dicho de un modo más directo, la Teoría de la Agencia: ganar más dinero cuanto antes-, es lo único que parece preocupar a los gestores de las televisiones. La cuestión es grave y sirve de ejemplo de lo que no debe hacerse y de lo lejos que todavía estamos de la empresa socialmente responsable, al menos en el caso del sector audiovisual.
Y sigo con algún otro ejemplo. Hace unos pocos meses comentaban expertos de la publicidad el daño que la reciente Ley del Audiovisual planteaba no sólo a la publicidad, sino al propio ciudadano, harto de tanta saturación publicitaria en las cadenas. Y la Ley se aprueba, sin siquiera cuestionarse este hecho, -al contrario aumentando la saturación, y sólo atendiendo a lo que significa la cuota y la cobertura y entendiendo la publicidad de una forma más que antigua ¿En qué país vivimos? ¿Cual es el papel de nuestros políticos? ¿Por qué éstos separan temas tan necesariamente unidos?
Cierto es que con la crisis económica se aclaran aspectos y cuestiones y eso me anima, pero el camino es todavía muy largo. Como leía recientemente[3] se va aclarando el panorama; ya no quedan ni los bancos ni las agencias, tampoco las llamadas externalidades, cuyos errores justifican una cierta regulación del mercado. Solo quedan empresas, organizaciones y los ciudadanos y entrambos el Estado. Por ello la ética y la Responsabilidad Social deben cobrar un nuevo papel y una nueva forma de entender el contexto de relaciones que parecen establecerse. Nos guste o no, la verdad es que entramos en una nueva era, que todavía desconocemos como modelo y como sistema; una etapa que nos obliga a ser prudentes, aprender de nuestros errores y pensar en el largo plazo y dejar la avaricia de algunos en el cajón, porque esa avaricia es muy corta en el tiempo y del daño que puede ocasionar ya tenemos algunos tristes e inmediatos ejemplos.
[1] Cfr. Juan Benavides, RSE, ¿Es la Responsabilidad Social una noción llena de vacío? Diario Responsable. Claves de la gestión responsable”, Domingo, 10 de Enero 2010.
[2] Cfr. Noticia también comentada en “El Economista” de 16 de Agosto de 2010.
[3] Cfr. Joseph E., Stiglitz, Caída Libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial, Santillana, Madrid 2010, p. 43 y ss.
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