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Boletín de Noticias Comfia - Info |
Tras engañar a la opinión pública durante la tragedia del 11 de marzo y perder las elecciones, han huido hacia delante con sus escándalos y pataletas sobre el estatuto catalán, la política exterior española y todo lo que se les ha puesto por delante.
Gobernar en España exige, entre otras cosas, seducir y soportar a los «españoles con dudas». El edificio español puede permitirse ciertos niveles de demagogia y populismo nacionalista en las Comunidades Autónomas, pero es muy difícil que no se resienta gravemente cuando ese mismo discurso nacionalista se practica desde el propio Gobierno. Al pretender gobernar desde la exclusión, el aznarismo hizo un mal servicio a la unidad del país mientras estuvo en el gobierno. Los desvergonzados medios de comunicación situados en su órbita han sostenido ese juego. El PP batió y sigue batiendo todas las marcas de irresponsabilidad que se recuerdan. En la política para acabar con la violencia de ETA ha sido un obstáculo vociferante hasta el último momento.
El presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, resultado del ejercicio de dignidad que el electorado practicó en las elecciones de aquel mes de marzo, se ha enfrentado a esa realidad con mucha paciencia. A veces hasta ha parecido que pedía perdón por tener razón, por practicar una política racional frente a los despropósitos de una derecha liderada por manifiestos pigmeos políticos. La falta de agresividad de Rodríguez Zapatero ha aumentado aún más la histeria del PP. Eso puede hacer pensar que su estrategia moderada y condescendiente, respondiendo con elegancia a los ladridos de la jauría, es más sutil de lo que parece a primera vista.
La España racional, incluida la de derechas, sabe que la unidad del país no está amenazada por las reformas relacionadas con el estatuto de Cataluña; sabe que regresando al redil europeo y accediendo al sentir popular contra el imperialismo estadounidense no se merma el peso de España en el mundo; y sabe que negociar para acabar con la violencia de ETA no es venderse al terrorismo.
Tras el alto el fuego de ETA, la derecha debería iniciar una reflexión para dotarse de una fuerza política menos cerril y primitiva que el actual PP. Sus votantes harían bien en pasarle factura electoral y hundir para siempre al aznarismo, esa mezcla de caudillismo chulesco franquista y manifiesta falta de inteligencia.
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| Cristino
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