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Licenciado, con un máster, un nivel medio de inglés y cinco años de experiencia… y un sueldo de 1.000 euros al mes. Este perfil describe a miles de universitarios españoles: según un informe de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca), los titulados cobran en su primer empleo una media de 760 euros brutos mensuales. Cinco años después cobran 1.414 euros brutos mensuales de media, una de las cifras más bajas de toda la Unión Europea.
"Las empresas justifican que el primer trabajo de los universitarios sea en condiciones precarias porque se supone que todavía están en fase de aprendizaje - denuncia Andrés Querol, coordinador de Acció Jove de CC. OO.-, pero la fase intermedia entre estudios y trabajo estable acaba prolongándose años".
El desequilibrio entre oferta y demanda explica en buena parte los bajos salarios que cobran muchos universitarios incluso años después de titularse. Si en 1997 sólo un 19% de los españoles de entre 25 y 64 años tenía una carrera, siete años más tarde el porcentaje llegaba ya al 26%. Ferran Mañé, director del departamento de Economía de la Universitat Rovira i Virgili, explica que "hay cierta saturación de titulados universitarios en el mercado de trabajo, lo cual no debe interpretarse como que tenemos demasiados candidatos bien formados, sino que también debemos cuestionarnos cuántos puestos de trabajo existen que requieran ese nivel formativo. La solución no es reducir el número de universitarios, sino crear más empleos cualificados".
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), el nivel de sobrecualificación en España es de casi un 25%: es decir, uno de cada cuatro trabajadores tiene una formación superior a la que necesita realmente para desempeñar su trabajo. Así, no es infrecuente encontrar licenciados en Biología o Filología trabajando como camareros o auxiliares administrativos.
La carrera escogida determina el futuro laboral de los universitarios. Así, los titulados de estudios técnicos son los que gozan de salarios más altos ya desde que acaban sus estudios, y a los cinco años su salario medio supera los 1.800 euros brutos mensuales frente a los apenas 1.200 que cobran sus compañeros de Ciencias Sociales. Además, los titulados de esta última rama son, junto con los de Educación y Humanidades, los que con mayor frecuencia deben recurrir a trabajos no relacionados con sus estudios.
"El mercado siempre manda - recuerda Enric Corominas, profesor de la Universitat de Girona y experto en orientación profesional-: si faltan médicos se paga más a los que hay, y si sobran filólogos sus sueldos bajan. Uno es muy libre de estudiar Humanidades si es lo que le gusta, pero si su principal objetivo es ganar dinero, quizá no sea la mejor opción".
La solución, señalan los expertos, no pasa por eliminar las titulaciones con poca demanda empresarial, pero sí por emprender una reforma que permita a estos graduados acceder mejor al mercado. "Historia, por ejemplo, no tiene por qué ser una mala formación siempre y cuando ese estudiante pueda después completar sus conocimientos para poder acceder a un sector con más demanda - señala Ferran Mañé-. Un ejemplo es el modelo de EE. UU., donde los estudios para ser abogado se entienden como un estadio de profesionalización posterior a unos estudios universitarios, por ejemplo en Historia".
Según una encuesta de Círculo Formación, en España sólo un 11% de los estudiantes de bachillerato valora previamente el dinero que puede ganar en su futura profesión antes de elegirla. Un 28% de los jóvenes escoge una u otra carrera en función de las salidas profesionales, pero la mayoría, un 44%, elige los estudios según su vocación, que a menudo tiene poco o nada que ver con las necesidades del mercado. Así se explica la elevada nota de corte de licenciaturas como Comunicación Audiovisual o Periodismo, mientras que para estudiar muchas ingenierías basta con tener una nota media de 5.
"Existen modas pasajeras - señala Salvador Guillermo, director de Estudios Económicos y Fiscales de Foment del Treball-. Está comprobado que cuando se emiten en televisión series sobre periodistas o abogados aumenta la demanda de estos estudios, mientras las ingenierías están perdiendo poder de atracción, pese a sus perspectivas laborales, porque no es una profesión que goce de gran publicidad".
Los expertos abogan por mejorar la orientación que se da a los alumnos de secundaria, para que a la hora de escoger carrera sean conscientes de qué escenario profesional se encontrarán después. "La información que se da actualmente a los estudiantes de bachillerato es demasiado simple - lamenta Corominas-. Se les explica el contenido y la duración de cada carrera, pero también deberían tener una cierta perspectiva de las salidas profesionales de esos estudios, qué tipos de trabajo podrán encontrar y con qué sueldos". Salvador Guillermo, de Foment del Treball, reconoce que las patronales y asociaciones empresariales deberían implicarse más en este asesoramiento para dar a conocer a los jóvenes cuáles son las necesidades reales del mercado de trabajo, así como ofrecer a las universidades más convenios de colaboración para favorecer la formación práctica de los estudiantes.
La empresa, por su parte, también exige un esfuerzo de reforma por parte de la universidad. El Círculo de Empresarios publicó hace unos meses un informe que proponía reorientar el sistema universitario para hacerlo más competitivo, mediante una mayor asociación con el mundo de la empresa y una mejor capacidad de ofrecer competencias y conocimientos adecuados para el mercado laboral. "La enseñanza universitaria podría estar mucho mejor adaptada a las necesidades de la empresa y tener un enfoque más práctico - señala Alberto Perol, presidente de la comisión de educación del Círculo de Empresarios-. Con estudios menos teóricos y más orientados al mundo laboral se podrían compensar los actuales desajustes entre oferta y demanda. Está claro que es necesario integrar a la universidad de manera más decidida en el tejido económico y productivo".
Nuria Peláez
La Vanguardia
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