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Teddy Bautista, la atrevida ignorancia y la burda intoxicación

Decir que el copyleft “no tiene peso” es ignorar completamente lo que está ocurriendo en todas partes: crecimientos exponenciales en el volumen de contenidos presentes en todo tipo de variedades de la creación bajo este tipo de licencias, y un número mayor de usuarios de todo tipo que deciden disfrutar de ellos

Hay veces en las que lees unas declaraciones, y te planteas si la
persona que las ha pronunciado es un completo ignorante o un burdo
intoxicador. En otras ocasiones, simplemente, esa confusión no deja
lugar alguno a la especulación. Las palabras de Teddy Bautista que leí ayer en el diario El Mundotienen un tono de tan burda intoxicación y de tan suprema ignorancia,
que pronunciadas por alguien que pretende de alguna manera erigirse en
representante de la cultura y de los que se arrogan el derecho de
crearla de manera pretendidamente exclusiva nos hacen pensar de manera
inmediata en cuál será el nivel de esa persona y de quienes
habitualmente le rodean. Salir en un periódico de tirada nacional
afirmando que “el copyleft es para los autores que son ricos
de cuna” revela simplemente un inveterado interés por confundir
conceptos, por intoxicar, por barrer descaradamente hacia el negocio
propio, como cuando una empresa difama a un competidor siguiendo esa
máxima que dice “calumnia, que algo queda”.

Me da verdadera pereza intelectual aclarar punto por punto los
obvios conceptos con los que este sujeto pretende intoxicar a una
opinión pública que debería directamente sentirse insultada en su
inteligencia por declaraciones de este tipo, pero vamos allá: en primer
lugar, decir que el copyleft “no tiene peso” es ignorar
completamente lo que está ocurriendo en todas partes: crecimientos
exponenciales en el volumen de contenidos presentes en todo tipo de
variedades de la creación bajo este tipo de licencias, y un número
mayor de usuarios de todo tipo que deciden disfrutar de ellos, como ese hotel de Burgosque tanto duele al protagonista de las declaraciones en cuestión y que
lejos de ser un caso aislado, representa todo un movimiento al que se
irán acogiendo cada vez más de esos negocios a los que la SGAE envía
sus inspectores. En efecto, el copyleft no tiene peso dentro
de la SGAE, porque dado que no tienen ni idea de qué es ni de cómo
manejarlo - y las declaraciones de este individuo son buena prueba de
ello - nadie va a ir a ellos con una licencia de este tipo,
arriesgándose además a ser supuestamente insultado (ese calificativo de
“ricos de cuna” pronunciado como intento descalificatorio y en
contraposición a “los que trabajan de verdad para pagar el pan de sus
hijos” es de verdad de lo más patético que he escuchado en años).


En segundo lugar, el copyleft no tiene nada que ver con “no
generar derechos de autoría”, ni con “no someterse a procedimientos
mercantiles”, ni con “perder el control”, ni con que “otras personas
puedan usarla y volverla a reponer como si fuera propia”. Semejante
conjunto de estupideces una detrás de otra no pueden tener más objetivo
que intentar de manera burda desacreditar el copyleft. El copyleft no es más que una manera de dotar de gamas de grises a una fórmula, el copyright, que únicamente permite catalogar como blanco o negro; libre de derechos, o con todos los derechos reservados. En su lugar, el copyleftpermite calificar una obra como libre para determinados usos, sujeta a
derechos para otros usos, y definir perfecta y claramente qué tipo de
usos permite el autor de su obra. En mi caso, por ejemplo, permito
cualquier uso de mis creaciones en esta página siempre y cuando se cite
que son mías, pero podría por ejemplo restringir su uso comercial, o
bien obligar a todo el que la utilice a compartirla de la misma manera
y con la misma licencia que yo lo hice, o incluso aportar matices de
verdadera riqueza: podría etiquetar un contenido de manera que su uso
comercial estuviese restringido (obligando por tanto al usuario a
negociar conmigo o mis representantes los términos de uso) salvo cuando
éste lo haga en un país en vías de desarrollo, en cuyo caso podría
hacerlo libremente. Las licencias copyleft alcanzan todo tipo
de matices imaginables, y brindan el mismo nivel de protección que
otorgaría el irse a hablar con la SGAE: si alguien utiliza mis
contenidos en una manera que infrinja mi licencia, puedo llevarlo
delante de un juez con la misma autoridad que lo haría en caso de
infringir mi copyright. Las licencias copyleft no impiden que un autor
viva de su obra, ni mucho menos: lo que hacen es, precisamente, es
otorgarle un mayor nivel de control y una riqueza de matices mucho más
amplia. Y además, no se oponen al copyright, simplemente lo
complementan. Matices que, por supuesto, podría explicar mucho mejor
que yo cualquier especialista en la materia - yo sólo soy un profano -
pero que sin duda, no interesan a quien sólo busca calumniar e
intoxicar.


Que no, Teddy, que andar por el mundo diciendo tonterías no es
gratis. Revela que eres o un ignorante, o un intoxicador: entre el
clavel blanco y la rosa roja, su Majestad es coja - sin ánimo por
supuesto de calificar de rey a quien sólo lo es en acumulación de
descrédito y desprecio popular. O eso, o que estás preocupado porque tu
negocio, ese que convierte a tu sociedad en propietaria de cines y
teatros bien ubicados en toda España para poder programar en ellos a
“sus” artistas, se ha encontrado con un modelo que podría llegar a
ponerla en peligro, un modelo que cualquiera con dos dedos de frente y
algo de sentido común puede entender perfectamente, o al menos
entenderlo mucho mejor que el hecho de que el Estado otorgue prebendas
y privilegios inimaginables a una sociedad de gestión privada. Ante esa
evidencia, Teddy, sólo te queda intoxicar y calumniar, con la vana
esperanza de que algo quede. Y por supuesto, algo queda: cuando retiras
todo el falso oropel de la sociedad que presides, cuando quitas esas
declaraciones falsas y grandilocuentes, Teddy, sólo quedas tú. Ahí te
quedas.




Enrique Dans


Fecha artículo: vie 25 abr 2008 06:30:00 CEST - URL: http://www.comfia.info/noticias/41488.html
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