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COMO todos los años desde hace siete, José Luis Gil acudirá hoy a la
manifestación que para conmemorar el 1 de Mayo se celebra en Madrid.
José Luis es funcionario, trabaja en el Instituto Nacional de Empleo
(INEM) y cobra menos de 1.000 euros al mes. Forma parte de los casi 11
millones de trabajadores españoles que perciben un sueldo inferior a
1.100 euros, según datos de la Agencia Tributaria recogidos por los
técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda (Gestha). Con este
salario admite que tiene grandes dificultades para llegar a fin de mes,
agravadas ahora por la subida de la inflación y de los tipos de interés.
Esta celebración adquiere este año una significación especial, ya que
tiene lugar en medio de un proceso de desaceleración económica que ha
dejado en el paro a miles de personas y que pone sobre el tapete las
deficiencias y problemas de un mercado laboral caracterizado por la
alta temporalidad, la baja productividad y el peso del empleo público,
cada vez mayor.
Uno de cada tres trabajadores está sujeto a un
contrato temporal debido a la gran dependencia del mercado laboral de
sectores como la construcción y el turismo, especialmente de la
hostelería. Asimismo, España es uno de los países donde menos crece la
productividad, a pesar de trabajar dos horas más a la semana que en el
resto de Europa. La aparente mejora registrada en el último año no ha
logrado acortar las distancias con la media europea.
Reivindicaciones
José
Luis hará oír hoy su voz junto a la de miles de personas para exigir
mejoras salariales, actualmente, la principal reivindicación de los
trabajadores, una vez conseguida una de las exigencias más largamente
demandadas: la reducción de los horarios de trabajo. La reivindicación
de la jornada laboral de ocho horas fue precisamente el motivo que
originó, a finales del siglo XIX, la celebración del día internacional
del trabajador el 1 de mayo.
El Congreso Obrero Socialista de
la II Internacional, celebrado en París en 1889, eligió ese día para
conmemorar los sucesos que tuvieron lugar en Chicago en 1886, cuando
numerosos obreros fueron ajusticiados tras protagonizar una masiva
huelga el primero de mayo de ese año.
Represión obrera
La
idea original de celebrar esa fecha partió de la Labor Union de
Norteamérica, que en ese día de 1886 organizó una huelga general con la
pretensión de alcanzar la jornada laboral de ocho horas, frente a
interminables jornadas de 12, 14 y de hasta 16 horas. Los trabajadores
norteamericanos recogían el testigo de la lucha por la reducción de
jornada defendida en el congreso de la I Internacional, celebrado en
Ginebra en 1866. Sin embargo, su protesta se saldó con una represión
brutal y desmedida por parte de las autoridades del país contra los
huelguistas, a quienes hoy se recordará en casi todo el mundo, excepto
en Estados Unidos, donde curiosamente el día del trabajador es el
primer lunes de septiembre.
En España, dicha conmemoración se
viene celebrando desde 1889, interrumpida durante la dictadura
franquista. Aunque hoy el día del trabajador se festeja sin trabajar,
no siempre fue un día festivo. Fue el papa Pío XII quien en 1954 apoyó
tácitamente esta jornada al declararla como festividad de San José
Obrero, denominada ahora como Día Internacional del Trabajo.
De la libertad sindical a los salarios dignos, pasando por la guerra, el terrorismo y las 35 horas
El
salario digno, con la mitad de los trabajadores cobrando menos del
1.000 euros, será protagonista para UGT y CCOO y también para USO, que
celebra sus actos de forma independiente. Por su parte, CGT ha elegido
la crisis económica como eje de sus marchas. En los últimos años, los
lemas de las manifestaciones han variado entre la libertad sindical, el
empleo estable, la mejora de la protección social o las 35 horas.
Incluso la guerra de Irak, en 2003, y el terrorismo, en 2005, han
centrado las reivindicaciones.
E. Morales / C. Porras.
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