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Cuando parecía un problema residual, el paro ha vuelto al primer plano de la economía española. A los secretarios generales de Comisiones Obreras, José María Fidalgo, y de UGT, Cándido Méndez, les preocupa el aumento de las cifras, que acercan la tasa al 10%, pero sobre todo piden que se aproveche esta crisis para desterrar de una vez el modelo económico basado en bajos salarios y escasa productividad.
Pregunta. ¿Por qué ha subido el paro de forma tan rápida?
Cándido Méndez.El parón de la construcción, como consecuencia de la crisis financiera,
ha sido mucho más brusco de lo que se pensaba. Eso pone de manifiesto
que el mercado de trabajo y la economía española son vulnerables por su
dependencia de la construcción.
José María Fidalgo. Porque
se está destruyendo empleo en construcción residencial. Además hay
dificultades económicas en algunas empresas, sobre todo pymes,
porque estamos en una crisis financiera y empezará a verse una pequeña
restricción del consumo de las familias. Era previsible.
P. ¿Qué consecuencias va a traer la destrucción de empleo?
C. M.Hay que crear itinerarios personalizados para que los trabajadores
puedan colocarse en sectores distintos a la construcción, pero tenemos
dos reservas. Un porcentaje importante tiene que recolocarse en
subsectores de la propia construcción (obra civil, rehabilitación...).
Y hay que reforzar los servicios de intermediación de empleopara
atender a la nueva realidad del mercado laboral.
J. M. F.Consecuencias malas para los parados porque muchos, por ejemplo los
inmigrantes, provienen de sectores con mano de obra poco cualificada,
poco productiva, y porque los parados nuevos no son como los de antes.
P. ¿Son suficientes las medidas aprobadas por el Gobierno?
C. M. No
podemos descartar que, en función de la duración de la crisis, hubiera
que ampliarlas. No son suficientes; habría que concatenarlas con el
cambio de patrón de crecimiento.
J. M. F. El plan de
recolocación no resolverá el problema del paro. Lo que hay que
reactivar son los servicios públicos de empleo. Mejorar no sólo la
protección, sino ayudar a encontrar empleo en otros sectores.
P. ¿Qué alternativas inmediatas hay al ladrillo?
C. M.Ninguna, salvo otros subsectores de la construcción. Hay yacimientos de
empleo como la dependencia, pero nunca hemos defendido la tesis de que
se puede sustituir el ladrillo por la industria en términos
cuantitativos. Hay que sustituirlo para ganar productividad. Si eso
significa un paro superior al que hemos tenido, deberíamos priorizar la
productividad porque así habrá empleo más estable.
J. M. F. Ninguna.
Hay que reforzar la obra civil, que crea mucho menos empleo, favorecer
la vivienda social, la rehabilitación... Eso será un pequeño paliativo.
Pero a corto plazo no hay alternativas. El sector ha entrado en crisis
por su propia dinámica. A medio plazo hay que cambiar el modelo,
intentar salvar los sectores industriales y todo lo que genere valor.
P. ¿Se está produciendo una sustitución de trabajadores españoles por extranjeros?
C. M.En general no, aunque sí puede haber trabajadores españoles con
cobertura suficiente que vayan al desempleo e inmigrantes con menos
cobertura que realicen esas actividades.
J. M. F. Los
sectores que han entrado en crisis son los de bajo valor añadido. Ahí
sí se ha podido producir un intercambio. Un parado da igual que sea
inmigrante como que sea español. El inmigrante está peor porque tiene
menos redes de protección.
P. ¿Es necesario ampliar el subsidio para aquellos que ahora no acceden?
C. M. Nuestro sistema tiene una buena cobertura. Para los inmigrantes que no la tengan está la renta mínima de inserción.
J. M. F.Ya lo hemos planteado. Las prestaciones actuales están diseñadas para
otro tipo de parados. Vamos a pedir a Trabajo información sobre la
cobertura de los inmigrantes, que intentan no consumir la prestación.
Prefieren buscar inmediatamente otro empleo, aunque sea peor. Vamos a
pedir esa radiografía, a ver si hay que añadir algún tipo de prestación.
P. ¿A cuántos inmigrantes tienen afiliados?
C. M. Debemos
tener en torno al 4% o 5%. En representantes sindicales tenemos más.
Hasta ahora no han sido muy proclives, pero no es descartable que se
cambien las tornas.
J. M. F. Los que tenemos no equivalen
a su peso en la población activa. En delegados sindicales, tenemos
3.000 o 4.000. Se afilian, pero es mano de obra muy móvil y tardan.
P. Esta peor coyuntura económica, ¿abre la vía para la adopción de medidas más duras en el diálogo social?
C. M. No
compartiremos ese análisis. Nuestro marco de relaciones laborales tiene
mucha flexibilidad. El problema ha sido la crisis financiera, que en
España repercute con fuerza por la construcción. No hablamos de
problemas laborales. El proceso de diálogo debe pivotar sobre
decisiones económicas de largo plazo: cómo incrementar la capacidad
tecnológica, industrial... En ningún caso puede pasar por recortar
derechos.
J. M. F. No tengo esa preocupación, sino cómo
proteger a la gente que se nos cae y cómo ir poniendo piedras para que
cuando esto despegue vaya en otra dirección. Habría que desarrollar los
controles de legalidad en el trabajo, los servicios públicos de
empleo... Cosas que no cuestan mucho pero que ayudan a la gente que
está peor.
P. ¿Una rebaja de tipos es la solución?
C. M.Es uno de los elementos para el relanzamiento económico. En España es
evidente, porque el precio del dinero es una tortura para muchas
familias.
J. M. F. El BCE tiene que controlar la inflación. Pero en este momento hay muchas presiones y posiblemente los bajará.
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