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El sindicalismo "de género" avanza

El sindicalismo confederal español está avanzando en lo que se ha dado en llamar las cuestiones “de género”: un tema que estaba pendiente desde los orígenes del movimiento obrero y de la izquierda política.

Esta gran cuestión, durante tantísimo tiempo submergida, ha podido avanzar gracias al tesón de amplias vanguardias de mujeres que, infatigablemente, remaron contra viento y marea en una nave claramente masculinista y, para mayor concreción, machista.


La cuestión de género avanza, aunque con fatigosa lentitud. Pero avanza. Ahí está un amplio catálogo de derechos políticos, sociopolíticos y materiales que constituyen un atinado almacén de bienes democráticos. No pocos de ellos siguen poniendo los pelos de punta a quienes, desde posiciones conservadoras o limitadamente progresistas, que piensan que las cosas se están saliendo de madre. Hace bien el sindicalismo en continuar esta dura acción colectiva por la paridad de los derechos.


Ahora bien, el sindicalismo confederal, mientras mantiene y amplia, su tutela y promoción de toda una serie de derechos inespecíficos (una atinada construcción de Manuel Carlos Palomeque), debería concretar su ya notable acervo de preocupaciones en el terreno físico de la negociación colectiva; y, para mayor precisión, en el mismo corazón de la organización del trabajo. Porque la ineludible atención a medidas legislativas tiene una evidente limitación si no se está convenientemente al tanto de unas conductas contractuales “de género”, referidas –como queda dicho— a la organización del trabajo y al control itinerante de lo que se va consiguiendo. En ese sentido, las leyes de igualdad y conciliación –en buena medida reclamadas históricamente por el sindicalismo y los movimientos feministas— podrían alcanzar una mayor fisicidad. Quiero decir, en sentido contrario, que si esta legislación “de género” no va acompañada de una organización del trabajo “de género”, la cosa quedaría en agua de borrajas. Por ejemplo, una ley de conciliación de la vida familiar que no estuviera acompañada de una reordenación de los tiempos de trabajo (negociada en el lugar físico de la negociación colectiva) tendría no pocas dificultades de cumplir adecuadamente sus objetivos, esto es, de compatibilizar los tiempos de trabajo y los tiempos de vida. Y, para mayor abundamiento, si se sigue con la inicua práctica de la discriminación salarial (en buena medida como hijuela de una organización del trabajo estrictamente masculinista) el sindicalismo se está disfrazando de noviembre para no infundir sospechas.


Precisamente porque el avance es notorio y visible, podemos decir que el sindicalismo confederal está en condiciones de darle más diapasón y concreción (sobre todo concreción) a las cuestiones de género. Que todavía quedan numerosos garbanzos negros en el puchero parece evidente (1). Habrá que eliminarlos. Una hipótesis de trabajo es: la negociación colectiva y todas las prácticas contractuales y la fijación de normas intersindicales que lo favorezcan. Los próximos congresos sindicales pueden ser una tempestiva ocasión para ello.


(1) Miquel Falguera MUJER Y TRABAJO: Entre la precariedad y la desigualdad

José Luis López Bulla


Fecha artículo: jue 03 jul 2008 06:30:00 CEST - URL: http://www.comfia.info/noticias/42867.html
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