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Suma y sigue y vuelve a sumar. La palabra crisis resuena en los hogares españoles, que se debaten entre apoyar las tesis del Gobierno para pensar en que sólo hay un frenazo o las de los expertos, que alertan de que la economía se encamina a la recesión de 1993. Aunque es poco el tiempo que pueden dedicar a los debates filosóficos, porque lo que sí saben las familias es que su presupuesto es cada vez más reducido y que la crisis se está comiendo más de 160 euros extra al mes.
Una inflación en un histórico 5,1% –y los más de 424.000 nuevos parados en el último año– no es más que la punta del iceberg de la suma de los datos oficiales: de la subida de precios del Instituto Nacional de Estadística (INE), del Boletín Petrolero de la UE, del coste de los alimentos del Ministerio de Industria o de otras series estadísticas del Gobierno. La última cifra en unirse a esta lista es la subida de tipos del Banco Central Europeo, que elevó ayer el precio del dinero hasta el 4,25%.
A su estela, el euríbor, el indicador más usado en España para fijar el coste de los intereses de las hipotecas y que ya había descontado el cuartillo extra de los tipos, ya cerró junio en el 5,361%, su cota más alta de la historia, lo que provoca que la revisión anual del crédito medio destinado a la vivienda se encarezca en 72 euros al mes –las organizaciones de consumidores lo estiman incluso en 100 euros–. Si se vive de alquiler, la factura es unos 50 euros inferior.
No es el único coste relacionado con la vivienda que sube. Junto a él, los servicios básicos también sufren un fuerte encarecimiento, encabezados por la electricidad. Los cálculos de las empresas del sector apuntan que un aumento de tarifas del 11,3% –como parece que planea el Gobierno– equivaldría a una media de 4 euros al mes para una familia de cuatro personas.
Y si dar la luz sube, abrir el grifo se dispara: la directiva europea ya ahoga, obligando a España a elevar el precio del agua hasta equipararlo a su coste real, lo que amenaza con encarecerla más de un 50%. Por el momento, los españoles ya asisten a subidas del 5%.
En un junio marcado por la huelga, alimentos y carburantes ponen la puntilla a las escaseces del presupuesto. En el último año, la cesta de la compra ha escalado una media del 8%, lo que supone pagar casi 60 euros más en el supermercado. El carburante, por su parte, cotiza a precio de oro. Con la gasolina y el diesel en máximos, llenar el depósito cuesta 12 euros más que hace un año. Y las vacaciones no han hecho más que empezar.
Al Estado tampoco le salen las cuentas
Parece que el Estado acabará secundando a las familias, que hace tiempo que rompieron su hucha. Jesús Caldera, ex ministro de Trabajo y, como tal, conocedor de las cuentas de la Seguridad Social, prevé que el año que viene haya un “pequeño” déficit en las cuentas públicas, que “no se puede evitar”. “Ojalá no pase, pero puede ocurrir”, dijo en una entrevista a Onda Cero, tras señalar que en una Europa tan desarrollada, los países con superávit sólo “somos dos o tres”.
Caldera puntualizó que lo importante es tener el país preparado y “lo está”, ya que hay capital humano, tecnológico y ahorro suficiente para permitir al Gobierno hacer unas políticas para recuperar el crecimiento “en un año o año y medio”. El responsable de la futura Fundación de Ideas del PSOE también se refirió a la actual crisis alimentaria y apostó por una regulación de los organismos internacionales para evitar la especulación.
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