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Leemos sus libros y sus artículos en prensa, tanto
hegemónica como alternativa o contrainformativa, y le escuchamos en una
asociación de barrio, en un aula, o en un teatro con solera. Durante un
rato le toca estar del otro lado de la mesa pero al salir a los
pasillos parece, porque lo pretende, un estudiante. De Burgos a Vigo,
pasando por Madrid, viaja casi siempre en autobús, con la mochila
cargada de fragmentos de realidad y una buena lupa para saber mirarlos.
Media hora con Carlos Taibo, el analista total, da para mucho, por lo
que deja ganas de más. Dice que Europa del Este ya le aburre, lo que no
significa que ya no le importe lo que allí sucede, pero es que, como
nos cuenta en esta entrevista, hay asuntos estructurales, definitorios
de la marcha del planeta, que hoy por hoy precisan de una cuidadosa
atención.
A
pesar de que tu especialización académica se orienta al estudio de la
Europa Central y Oriental, escribes sobre muchos otros temas. ¿Qué
merece hoy tus preocupaciones?
La verdad es que la Europa Central y Oriental me ha
acabado por cansar, ahora me interesan temas más generales y sobre todo
algunos de los debates teóricos que empiezan a surgir y que tengo la
certeza de que serán los principales dentro de pocos años. Por ejemplo,
el debate sobre el crecimiento económico: cada vez estoy más convencido
de que hay que discutir la bondad de la categoría correspondiente y
esto implica empezar a apostar con claridad por fórmulas de
decrecimiento económico y reducción del consumo. Algo que en modo
alguno tiene que ver necesariamente con una reducción de nuestro
bienestar y nuestra felicidad, antes al contrario, creo que este tipo
de discusiones se va a imponer cada vez más rápido entre nosotros
porque cada vez somos más conscientes de los límites del planeta y de
la necesidad inexorable de poner un freno a lo que hemos hecho durante
siglos.
En ese sentido,
hoy mismo el Banco Mundial se reafirmaba en sus teorías smithianas al
descartar intervenir en el mercado mundial de alimentos a pesar de las
nefastas consecuencias que esto está teniendo, y va a tener, sobre la
vida de millones de personas. La mano invisible es masculina, blanca y
lleva anillos de oro, ¿no?
Sí, y has dicho algo muy importante, lo de intervenir
en los mercados. Parece una fórmula que atenta contra la ley de la
gravedad pero, qué menos que intervenir en los mercados cuando cabe
suponer con argumentos certeros que eso puede permitir que varios
millones de seres humanos conserven la vida. Creo, sin embargo, que el
tono lo aporta, no ya las posiciones del Banco Mundial, que son
esperables, sino lo que está haciendo el Gobierno español, que ha
acrecentado, al parecer de manera sensible, sus niveles de ayuda
alimentaria. Alguien dirá: "pues muy bien". Pues no, muy mal, porque lo
que está haciendo el Gobierno es acrecentar el negocio de las
transnacionales que están especulando con el precio de los alimentos en
la medida en que le está entregando dinero a los países pobres para que
compren esos alimentos a ese precio. Me parece que no es la forma más
ingeniosa de enfrentar el problema de fondo. Pero, en cualquier caso,
parece que el Gobierno español, como los demás, ha decidido que no hay
ningún motivo para entrar a saco cuestionando el negocio especulativo
de las grandes transnacionales. Éste es el meollo de la cuestión.
Como sostenías en
un artículo reciente, no sólo el partido en el Gobierno, sino también
el resto de los partidos políticos representativos del Estado, sigue
ciegamente ese axioma del crecimiento económico. Sorprende que ni
siquiera Izquierda Unida (IU) se salga de esa línea...
Sí, al parecer resulta muy difícil romper con este
axioma económico por el que interpretamos automáticamente que el
crecimiento económico es la fórmula mágica que resuelve todo: los
servicios sociales, el desempleo, la pobreza... Todos los datos
empíricos invitan a recelar de esta percepción de los hechos. El
crecimiento económico no tiene nada que ver con los servicios sociales,
con la pobreza, ni con la resolución del desempleo, pero, sin embargo,
lo seguimos repitiendo. Claro, hay que entender que en términos
electorales una fuerza política que se presentase impulsando una
reducción del crecimiento económico y del PIB inmediatamente sería
lapidada. El problema de IU en este caso es que es lapidada igual, así
que podría inducir a decir: "bueno, digan lo que tienen que decir, que
van a ser lapidados igual". Me parece que es una manera bastante
sensata de sugerir a los dirigentes de IU que tienen que romper de
manera más drástica con las reglas del juego del debate teórico que
impone la ciencia oficial en el momento presente.
Más allá de esto, ¿a qué crees que ha respondido su descalabro en las últimas elecciones generales?
Creo que a dos razones distintas. Una de largo aliento:
IU es un proyecto que no funciona, que no es creíble, porque es una
fuerza política que hace mucho tiempo que se desgajó de la realidad
social en la mayoría de los lugares. Hay una división cada vez más
aguda entre la izquierda política y la izquierda social; esto se
traduce en que la mayoría de los votantes de IU (esa es, al menos, mi
apreciación), la votan porque no hay otra cosa, no porque crean
realmente en la coalición. Y luego hay otra razón de carácter más
coyuntural, y es que cuando una fuerza política como IU, en los cuatro
últimos años, se sitúa muy cerca del Partido Socialista, y establece
pactos que dificultan hacer visible su identidad, lo lógico es que
muchos votantes decidan votar al original y no a la copia, algo que se
ha sumado a lo anterior y dibuja una tragedia en términos del número de
votos recibidos. De todas maneras yo creo que es más importante el
problema de la calidad del voto. A los dirigentes de IU lo que debería
preocuparles es el tono alicaído de la mayor parte de los votantes, no
el hecho de que sean 1.500.000 ó 600.000. Creo que IU es una fuerza
política a la que se le pasó el tiempo. Esto tiene que ver con el hecho
de que ha estado (y ésta es una lectura personal) muy controlada por el
Partido Comunista de España, y que no ha acabado por engarzar con la
sociedad real, con la izquierda real. Es muy raro que en ninguna de sus
listas electorales incorpore a los activistas de los movimientos
sociales. Los candidatos de IU son el producto de una discusión entre
las diferentes cúpulas o grupos de presión que actúan dentro de la
coalición. Y cualquier persona sensata sabe que eso cada vez tiene
menos que ver con la izquierda real, lo que yo llamo la izquierda
social.
Y esa izquierda real o social, ¿en qué punto está? ¿Cómo la ves?
La veo más viva que la izquierda política. Estoy
dispuesto a reconocer que esto no es decir mucho, porque la izquierda
política está tan muerta que cualquier cosa es más viva. Bueno, yo creo
que no hemos ido para peor. Los movimientos antiglobalización, sin
alharacas, han ido madurando; las redes sociales contestatarias
también; el movimiento de okupación es una realidad abierta en
prácticamente todas las ciudades con algún peso y en muchos pueblos.
Esto quiere decir que algo empieza a cambiar y yo subrayo que cambia al
margen de la izquierda política, es decir, no es un cambio de la
izquierda política que tira de otros movimientos; me parece que se ha
invertido el papel, es la izquierda política la que va detrás de los
movimientos cuando se interesa por lo que éstos hacen, algo que no
siempre ocurre. En ese sentido yo siempre digo que hoy no hay ningún
tipo de agresión promovida por el sistema que no reciba algún tipo de
respuesta. Puede ser más o menos adecuada, imaginativa, numerosa, pero
en cualquier caso es un cambio interesante con respecto al pasado
porque hace diez años esto no ocurría. Y agregaría un dato más, mucha
gente joven parece que ha empezado a recuperar el pulso de la
contestación, algo que durante bastante tiempo no sucedía, los jóvenes
estaban prácticamente ausentes de todo. Subrayo: no es que los jóvenes
se hayan incorporado a iniciativas promovidas por generaciones mayores,
es que los jóvenes han empezado a promover sus propias iniciativas. Es
muy llamativo, por ejemplo, que en el caso de la universidad, la
contestación al proceso de Bolonia llegue casi en exclusiva de los
estudiantes...
¿Mayo del 68 revisitado?
Bueno, hay un minimayo vinculado con la actividad de
los estudiantes, no con la de los profesores, que creo que están cada
vez más funcionarizados, anquilosados, y poco interesados por cambiar
nada. No creo mucho en la universidad como hervidero de iniciativas de
transformación social; quiero decir, la metáfora del mayo del 68 entre
nosotros hoy no sirve, al menos en este terreno de la universidad como
promotora de un cambio de percepción y de prácticas distintas. Me
parece que hay que mirar hacia otros lados, hacia los barrios, las
iniciativas que surgen en la periferia de un movimiento obrero cada vez
más esclerotizado, con unos sindicatos hiperinstalados en la lógica del
sistema... Pero en la periferia de ese mundo sindical hay realidades
que merecen respeto y que empiezan a reflexionar hipercríticamente
sobre la realidad y, en primer lugar, a contestar el papel que
desempeñan los sindicatos mayoritarios.
Hablando de
periferias, ampliemos el marco de análisis. Estamos asistiendo a un
auge de los llamados movimientos antiglobalización que mencionabas
antes. Pongámosles nombre y situémoslos en el momento presente. ¿Cómo
te gusta denominarlos? ¿Hacia dónde se dirigen?
Bueno, lo de la antiglobalización plantea problemas, es
verdad que retrata en clave estrictamente negativa a movimientos que no
están en una franca vocación de proponer alternativas. Hay quien dice,
por lo demás, que la mayoría de ellos no se oponen ontológicamente a la
globalización sino en concreto a la globalización capitalista o
neoliberal, pero que defenderían una globalización de los derechos o
las libertades... Esto suena bien pero creo que es un discurso bastante
vacuo. No sé muy bien qué es eso de la globalización de los derechos y
las libertades, antes hablábamos de internacionalismo para referirnos a
estas cosas, no sé por qué tenemos que desdeñar palabras que nos han
servido durante mucho tiempo. Al margen de esto, lo de la
altermundialización o globalización alternativa creo que son palabras
que generan circuitos intelectuales que piensan poco en a quiénes se
dirigen y qué es lo que van a comprender quienes reciben esos mensajes.
Y, si hablamos de lo que ocurre con los movimientos antiglobalización
tendemos a partir de la base de lo que ocurre con nuestros movimientos
antiglobalización y esto supone olvidar que los principales movimientos
radican en el Sur: en Argentina, Perú, Ecuador, Brasil, México,
Bolivia, Tailandia, India... Creo que éste es el elemento fundamental
del balance, lo que está cambiando es lo que llega del Sur. Y eso
supone, con todas las limitaciones que queramos, una inversión de lo
que ha ocurrido casi siempre, que es que los movimientos del Norte, que
despliegan toda su parafernalia intelectual, son los que atraen a
movimientos del Sur. Entiendo que ahora se está invirtiendo en algún
grado el proceso, sin descartar que muchos de esos movimientos del Sur
reflejan determinados espacios etnocéntricos y eurocéntricos de
dependencia con respecto a los del Norte. ¿En qué estoy pensando?
Bueno, de manera singular en los Foros Sociales de Portoalegre, que se
desplegaban materialmente en un país del Sur pero quien protagonizaba
las sesiones eran intelectuales del Norte, con lo cual se estaba
generando también alguna ficción con la que convenía romper sugiriendo
que tal vez lo que queríamos hacer no era esto.
Hace poco
titulabas un artículo con una revisión del manido lema de estos
encuentros: "Otro mundo peor es probable". No suena muy optimista...
Bueno, soy optimista en lo que respecta al auge de las
resistencias pero soy pesimista en lo que se refiere al derrotero del
planeta. Me parece que estas cosas se pueden combinar de manera
relativamente fácil. Los habitantes del Norte del planeta somos
profundamente insolidarios, hemos oído un millón de veces que cada día
mueren miles de seres humanos a causa del hambre, pero esto no nos
importa porque ese fenómeno no nos toca materialmente. Pero van a
llegar inmediatamente dos procesos que sí nos van a afectar
materialmente: el cambio climático, por un lado, y el encarecimiento
espectacular del precio de las materias primas energéticas. A mi
entender, la llegada espectacular de estos procesos va a generar dos
consecuencias de signo distinto. La primera: va a ser una edad de oro
para los movimientos de emancipación, que van a encontrar un caldo de
cultivo para sus mensajes mucho más sólido que en el pasado, por
ejemplo, para el discurso del decrecimiento. La otra cara de la
cuestión es que probablemente van a empezar a emerger políticas de
darwinismo social extremo que tal vez van a recordar a muchas de las
medidas que aplicó Hitler en el decenio de 1930 en Alemania. Los
estamentos de poder principales del planeta, conscientes de la escasez,
van a desplegar medidas encaminadas a garantizar que los recursos
escasos estén a disposición de una escueta minoría de seres humanos, y
esto genera un horizonte muy delicado al que hay que empezar a buscar
respuestas. Intuyo que, hoy por hoy, alguno de los elementos pioneros
de esta política de darwinismo social son los que está aplicando
Berlusconi en Italia con los inmigrantes. Claro, el primer eslabón
débil lo configuran las poblaciones foráneas que no son plenos
ciudadanos como nosotros y de las que conviene prescindir cuando llega
la etapa de las vacas flacas. Por eso prefiero separar estas dos
dimensiones: los movimientos van a crecer, pero en un escenario cada
vez más difícil. En cualquier caso creo que sí, otro mundo peor es
bastante probable...
Aloia Álvarez
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