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Madera Certificada, un camino contra la deforestación

En España 102 empresas han obtenido el certificado FSC

Uno de los peligros que se deriva de la explotación de la madera es la creciente deforestación que sufre el planeta. Sin embargo, la madera es un bien renovable que se puede proteger usándolo de manera sostenible. Para compensar y garantizar las buenas prácticas, surgieron las certificaciones forestales para las empresas que comercializan madera. El sello más conocido y apoyado por un mayor número de entidades es el que otorga el Consejo de Administración Forestal (FSC) en todo el mundo.

El problema de la madera tiene su punto de partida en la extrema deforestación que sufre el planeta. Los bosques cubren el 30% de la Tierra, unos 4.000 millones de hectáreas. Según la FAO -la organización de la ONU dedicada a la agricultura y la alimentación- entre los años 2000 y 2005, la disminución de superficie forestal anual fue de 7,3 millones de hectáreas anuales, lo que equivale a la superficie de Panamá. Esta cifra supone la pérdida del 0,18% anual de la masa boscosa del planeta. La deforestación, según Naciones Unidas, contribuye en gran medida al calentamiento global ya que la tala de árboles provoca que el carbono que antes absorbían los bosques talados no se elimine.

Varias organizaciones consideraron oportuno expedir una certificación a las empresas que garanticen al consumidor que la madera que compra no ha sido obtenida de bosques vírgenes y que no se han dañado ecosistemas ni perturbado la vida de los que dependen directamente de los bosques que, según cálculos de Greenpeace, son unas 150 millones de personas. Se busca así una explotación comercial sostenible de este bien renovable sin perturbar la función vital que tienen los bosques.

La certificación fue la alternativa a la ofensiva desatada contra las empresas madereras, en la década de los ochenta. Diversas organizaciones ecologistas de todo el mundo promovieron un boicot al comercio de madera tropical para frenar la deforestación. Pero los resultados de estas acciones no fueron los esperados. En un principio, se redujo el consumo de este tipo de maderas, pero al perder valor, se cambió el uso del suelo hacia otro tipo de actividades como la agricultura y la ganadería, y la deforestación continuó. De esa experiencia surge la actitud contraria. Se aparca la idea de realizar más boicots y se decide premiar de alguna manera las buenas prácticas empresariales. Así surgen las certificaciones forestales.

La idea pareció triunfar y organizaciones en todo el mundo crearon sellos para la certificación de la madera.El problema fue que cada sello presentaba criterios y exigencias muy diferentes, dificultando la armonización de pautas claras para identificar una gestión sostenible. Ante esto, el Banco Mundial (BM) y el World Wide Fund for Nature (WWF), fijaron unos criterios mínimos que debe cumplir toda certificación.

Para empezar, un sello debe ser institucional y políticamente adaptado a las condiciones locales; también tendrá que estar orientado a objetivos claros para alcanzarlos; los estándares estarán basados en umbrales mínimos exigidos en cada país y serán compatibles con principios internacionales de gestión forestal. Por último, la certificación, según el BM y WWF, deberá ser creíble para la mayoría de los grupos de interés y transparente, eficiente económicamente y accesible para todos los países. Las entidades que otorgan los sellos deben elaborar un estándar para la gestión forestal sostenible, además de estar acreditadas para otorgar ese sello.

El proceso de certificación es voluntario. Las empresas que quieran pueden someterse al proceso, que no se limita a garantizar que la madera ha sido producida de forma sostenible, sino que también vigila y verifica la cadena de transformación de la materia prima y su comercialización. La certificación se obtiene o no, después de una auditoría que una empresa u organismo acreditado realiza a las empresas explotadoras de madera. La certificación se puede aplicar a toda industria que utilice la madera para transformarla en cualquier producto (muebles, papel…).

La certificación FSC

La certificación FSC es reconocida por un mayor número de asociaciones —ONG, organizaciones sociales y sindicales de todo el mundo— y opera en todo el mundo, a diferencia de otras organizaciones. La expide el Consejo de Administración Forestal (FSC, en sus siglas en inglés) desde 1993. Se trata de una organización independiente sin ánimo de lucro, que tiene como objetivo “la gestión forestal ambientalmente responsable”.

FSC otorga o no su sello después de haber realizado una serie de auditorías -llevadas a cabo por empresas independientes – en las compañías que comercializan madera. En ellas, se analiza desde la procedencia de la madera hasta que se consigue el producto final que se pone en el mercado. Los poseedores de una etiqueta FSC la pueden utilizar durante cinco años, en los que se hará un seguimiento anual para comprobar si se cumplen las acciones correctoras y se mantienen las condiciones que permitieron la concesión del sello.

Bosque de madera certificada.Foto: FSCLa certificación está destinada, según Elisa Pardo, directora ejecutiva de FSC en España, a la protección de los derechos de los pueblos indígenas y a la prohibición del uso de sustancias químicas y organismos genéticamente modificados, entre otros. “El sello es democrático, transparente, participativo y representa un equilibrio de intereses del sector ambiental social y económico”. Para Pardo se diferencia de otros sellos en que estos últimos “están más ligados a la industria y en ellos no existe un sistema de decisiones tan equilibrado”.

Pero en España está funcionando más lentamente que en otras partes del mundo. “Somos un país – manifiesta la directora ejecutiva de FSC – que ambientalmente está aún bastante verde, inmaduro en este campo”. La certificación FSC llegó a España en 1998, cinco años después de su nacimiento. A día de hoy, según los datos que proporciona FSC en España, hay 102 empresas certificadas con cadena de custodia FSC. El listado se puede consultar en la página oficial del Forest Stewardship Council*

Numerosas organizaciones ecologistas y sindicatos en España apoyan el certificado de FSC, aunque hay críticas. Ecologistas en Acción y Verdegaia – una organización ecologista gallega- así como Greenpeace y WWF/Adena calificaron de “fraude” la certificación forestal FSC que tiene la empresa Norte Forestal (Norfor), del grupo ENCE, por la explotación de 12.000 hectáreas de bosque en Galicia. La certificación fue otorgada en 2004 después de una auditoría realizada por la empresa SGS. “La gestión de Norfor en los montes que posee o arrienda, cubiertos casi totalmente con plantaciones intensivas de eucalipto, está lejos de poder considerarse sostenible según los estándares del sistema FSC”, según un comunicado de Ecologistas en Acción.

A finales del mes pasado se conocía la suspensión de la certificación FSC para la empresa Norfor en su explotación de Galicia. En declaraciones recogidas por Europa Press, Xosé Veiras, representante de Verdegaia, afirmó esperar que esta suspensión pronto sea una cancelación si “Norfor continúa incumpliendo estándares”.

La “mala gestión” de esta masa forestal por parte de la empresa se debe más a la “debilidad de la legislación [española] en este sentido”, ya que el sistema FSC “es más exigente que las propias leyes”, según Ecologistas en Acción. Aun así, esta ONG junto con Verdegaia amenazó con dejar de mostrar su apoyo al sistema de gestión forestal sostenible FSC “si la dirección de FSC internacional no ponía fin a la situación”, según un comunicado de ambas organizaciones ecologistas.

Sin embargo, las plantaciones de Norfor y Silvasur (esta última también del grupo ENCE), continuarán teniendo la certificación forestal PEFC (Pan European Forest Certification), un sello creado en 1998 por empresas de la industria forestal y propietarios de bosques europeos. “Lo que ha ocurrido con las plantaciones de eucalipto de Norfor es impensable en PEFC, ya que este sistema no busca una mejora real de la gestión forestal” según afirma Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de Bosques de Greenpeace España a través de un comunicado de la propia ONG.

También existen algunas organizaciones contrarias más en el fondo que en la forma del sello de FSC. Desde el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM en sus siglas en inglés), red ciudadana que defiende los bosques en el mundo, que critica el crecimiento de monocultivos de árboles que está llevando a cabo FSC en todo el mundo. El punto débil de la certificación forestal de FSC, según WRM, está en sus principios sobre las plantaciones, ya que permiten los monocultivos. “La realidad a nivel local " —según el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales— "está mostrando que los impactos de los monocultivos inciden en deforestación o en la degradación de otros ecosistemas, particularmente praderas y humedales”.

Por su parte Elisa Pardo argumenta que “el FSC no promueve ningún tipo de gestión específico. En el caso de España, el monocultivo no puede obtener el sello FSC. Para obtenerlo, la plantación debe estar compuesta de tres o más especies. Lo que promovemos es un sistema de gestión que no esté basado en el modelo tradicional de cultivo”.

Existen otras certificaciones forestales más locales, como la Sustainable Forestry Inititative (SFI) otorgada desde 1994 por la industria forestal de Estados Unidos; el sello de la Canadian Standars Association (CSA), que cuenta con el apoyo del Gobierno canadiense; el certificado del National Timber Certification Council (NTCC), surgido en 2000 y basado en la legislación nacional y las instrucciones de la Organización Internacional de Maderas Tropicales (ITTO), entre otros. Detrás de cada certificación se encuentran desde Gobiernos hasta empresas, pasando por organizaciones del tercer sector (como ONG y fundaciones).

responsables.biz


Fecha artículo: vie 18 jul 2008 06:30:00 CEST - URL: http://www.comfia.info/noticias/43188.html
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