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Estudiar se queda sin premio

El número de trabajadores con formación superior no ha dejado de crecer en España en los últimos años, pero el mercado laboral no ha evolucionado tan rápidoy no ofrece suficientes empleos de alta cualificación. El resultado es que muchos jóvenes acaban ocupando puestos que no están a la altura de sus posibilidades.

Llevan años formándose: primero una carrera, luego algún máster para mejorar el currículum, después idiomas… son la generación mejor preparada de la historia, pero muchos acaban desempeñando un trabajo donde no necesitan casi nada de lo que han estudiado. Licenciadas en Derecho que trabajan de secretarias, filólogos transformados en comerciales inmobiliarios, historiadores que acaban siendo conductores de autobús… en España el 17% de los trabajadores ocupa un puesto por debajo de su formación, según datos del Ministerio de Trabajo. La situación es especialmente grave entre los trabajadores de menor edad: un informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas y Bancaja revela que uno de cada tres jóvenes ocupan un puesto de trabajo con unos requisitos por debajo de su cualificación.

Y es que el mercado laboral español nunca había tenido que hacer frente a una hornada tan numerosa de jóvenes hiperformados. La tasa de titulados universitarios ha pasado en España del 24% en 1995 al 33% en 2005, y en el mismo periodo la tasa de titulados en ciclos formativos de grado superior pasó del 2% al 17%. "Los trabajadores son conscientes de la "titulitis" que sufre la sociedad en general y sobre todo la empresa, donde se valora a la gente por el nivel de estudios que tenga - argumenta Claudia Vallvé, socióloga especializada en perfiles profesionales-. Así se entra en un círculo vicioso, una especie de competición por tener el máximo número de títulos para situarse en una buena posición en el mercado laboral".

Además, el actual sistema educativo hace difícil combinar estudios y trabajo, por lo que muchos de los jóvenes que optan por alargar su currículum con varias carreras o másters se incorporan al mercado laboral cuando ya están a punto de convertirse en treintañeros. "Es un círculo vicioso - señala Vallvé-: cuanto más tiempo pasan estudiando más les cuesta después encontrar trabajo porque no tienen experiencia, y como no encuentran trabajo piensan que la solución es suplir la carencia de experiencia con más títulos". Y es que las empresas tienden a pedir a los candidatos una elevada cualificación que a menudo no se corresponde en absoluto con los requisitos reales del puesto. Víctor Cabrera, director ejecutivo de Page Personnel en Barcelona, advierte que en ocasiones esta sobrecualificación está justificada, cuando se pide una formación superior a la que requiere el puesto "porque la compañía tiene diseñado un plan de carrera y quiere que esa persona a largo plazo pueda ocupar posiciones más altas".

Pero la realidad no siempre es así y Cabrera reconoce que "en igualdad de condiciones la empresa siempre prefiere a alguien con más títulos". Un ejemplo es el de los comerciales, puestos que en muchos casos no requieren una formación específica pero para los que, sin embargo, suelen solicitarse licenciados, "lo que puede desencadenar una inflación retributiva innecesaria", apunta Cabrera. Según Alberto Gavilán, director de selección de Adecco en Madrid, otro requisito que las empresas suelen pedir de forma sistemática, aunque no sea necesario para el puesto, es el de los idiomas: así, es frecuente que para puestos donde no es necesario hablar inglés se exija como filtro de entrada un determinado nivel de esta lengua.

Gavilán asegura, no obstante, que esta tendencia va a la baja porque "las empresas cada vez son más conscientes de los inconvenientes de contratar a una persona demasiado cualificada para el puesto: tendrá aspiraciones profesionales más elevadas y por tanto es posible que quiera irse enseguida a un trabajo mejor". Aun así, reconoce que "mucha gente está dispuesta a rebajar sus expectativas laborales porque se encuentran que el tejido laboral no ofrece puestos para tantos universitarios, y muchos candidatos nos llegan diciendo que preferirían algo relacionado con sus estudios pero que si no es posible aceptarían lo que sea". Cabrera explica en este sentido que, al darse cuenta de que están sobrecualificados para las necesidades del mercado, algunos candidatos llegan a mentir en su currículum para ocultar parte de su formación.

Un estudio de Manpower señala que, de los 7,8 millones de nuevos empleos creados entre 1995 y 2007, 4,8 millones corresponden a puestos de trabajo de cualificación media/ baja y baja, mientras que los 3 millones restantes son de alta y media cualificación (directivos, profesionales y técnicos). En términos relativos, los puestos para profesionales y técnicos han ganado casi 6 puntos en la distribución total del empleo, pasando del 19 al 25% del empleo. Josep Oliver, profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, cree que este aumento de puestos cualificados ha reducido la tasa de sobrecualificación en España, al menos entre los trabajadores autóctonos que son quienes suelen ocupar este tipo de puestos. En este sentido Oliver destaca que los inmigrantes, especialmente los latinoamericanos, son quienes sufren actualmente un mayor índice de sobrecualificación ya que en muchos casos su formación es superior a la media española y, en cambio, suelen ocupar los puestos de menor nivel.

José Luis Raymond, profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, recuerda que el modelo de crecimiento en el que se ha basado hasta ahora la economía española, con la construcción y el turismo como grandes pilares, "favorece la sobrecualificación y es difícilmente sostenible a largo plazo. La llegada de la crisis de la construcción era inevitable y sería deseable que se inaugurase un nuevo ciclo expansivo basado en el pleno uso del capital humano disponible, pero el tránsito de un modelo a otro será complejo y largo y no creo que la destrucción de empleos de baja cualificación tenga su contrapartida inmediata en una creación de empleos cualificados", explica.

Para José García-Montalvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universitat Pompeu Fabra, los actuales universitarios son quienes deberían liderar este cambio de modelo, creando sus propios puestos de trabajo, aunque duda que esto suceda "porque los jóvenes sueñan con ser funcionarios y no quieren ni oír hablar de crear una empresa". El profesor apunta, no obstante, que en los últimos años el atractivo de la universidad se ha debilitado ligeramente. Y es que estudiar una carrera resulta cada vez menos rentable: según datos de la OCDE, la diferencia salarial entre los trabajadores con estudios superiores y los que tienen sólo estudios básicos cayó un 40% entre 1997 y 2004, aunque los universitarios todavía ganan, de media, casi un 60% más que las personas con formación elemental.

Además, los jóvenes han empezado a comprobar que podían incorporarse al mercado laboral sin necesidad de acumular títulos durante años. "A mediados de los 90 la tasa de desempleo de los jóvenes de entre 19 y 25 años se acercaba al 50% y no perdían nada por seguir formándose más años - recuerda el catedrático-, pero en los últimos años la mejora del mercado laboral ha sido tan enorme que ha aumentado el coste de oportunidad de seguir estudiando". García-Montalvo advierte que ahora estamos en un cambio de ciclo donde puede ocurrir lo contrario. "Las tasas de paro general están aumentando y, cuando esto ocurre, las tasas de paro juvenil se disparan, por lo que volverá a descender el coste de oportunidad de estudiar y muchos volverán a plantearse la posibilidad de continuar su formación durante más años, como sucedió a mediados de los 90", pronostica.

Nuria Peláez
La Vanguardia


Fecha artículo: lun 21 jul 2008 06:30:00 CEST - URL: http://www.comfia.info/noticias/43222.html
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