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El ajuste del presupuesto empieza a ser ya una tónica habitual en las empresas españolas, que en los últimos meses han empezado a lanzar circulares a sus empleados alertando de que los famosos bonus están ya en cuarentena. Las víctimas mayoritarias serán los trabajadores, que verán reducidas las pagas ligadas a objetivos. Entre otras muchas compañías, BBVA, Ahorro Corporación o grandes empresas del automóvil con sede en España, darán ejemplo de lecciones de austeridad al empresariado nacional, que sabe que lo peor de la crisis está por llegar. El propio Gobierno admite que en 2009 el PIB tocará fondo. Los expertos alertan de que los recortes salariales ahondarán en la crisis, ya que los trabajadores se verán con menos poder adquisitivo que en el presente año, cuando, en general, ya han recibido su extra.
En la actualidad, cerca del 80% de las empresas aplica la fórmula del bonus. Los juristas consultados sostienen que, pese a lo impopular que pueda ser para las organizaciones eliminar este goloso caramelo retributivo, legalmente el Estatuto de los Trabajadores avala su naturaleza volátil. De hecho, en general las sociedades pueden aplicar su reducción instantáneamente, a través de una simple comunicación.
Eso sí, en caso de conflicto de intereses –por ejemplo, que la plantilla dude del deterioro real de las cuentas de la empresa– o en los escenarios en que la retribución variable esté cerrada por contrato “es posible que las compañías puedan utilizar como argumento de defensa el principio jurídico rebus sic stantibus”, explica Fermín Guardiola, abogado de Baker&Mckenzie. Significa que “todo contrato se entiende vinculante en la medida en que no se alteren las circunstancias que motivaron su creación”.
En el escenario actual, está claro que ha habido un cambio “sustancial” de las condiciones económicas y de mercado, por lo que el laboralista concluye que “las empresas que estén en situación muy delicada podrían utilizar este argumento para intentar dejar sin efecto las obligaciones de abono de los bonus”. En este caso, se tienen en cuenta las condiciones pactadas en cada supuesto individual, ya que este principio jurídico no es de aplicación automática, sino que “los Tribunales tienden a aplicarlo de forma restrictiva, al ser una excepción de la obligatoriedad de los pactos”.
Más cuantiosa será la reducción de los directivos, para quienes su sueldo variable –que puede representa hasta el 70% de su retribución, vinculada a los resultados colectivos de la compañía– amenaza con recortarse cerca de un 40%, según coinciden los expertos consultados por EXPANSIÓN.
Pero bajar la retribución no siempre es lo correcto para las empresas, que, mientras reducen los bonus, piensan en la mejor manera de fidelizar a sus empleados clave. Por ello, mientras los ejecutivos reclaman mejoras salariales a unas compañías carentes de recursos, las empresas plantean un sistema conocido como retribuciones a la carta, un esquema salarial que permite superar hasta un 30% la retribución neta de los profesionales sin que la compañía tenga que aumentar su presupuesto salarial. El aumento del sueldo neto se consigue aprovechando los distintos incentivos fiscales regulados, elevando así los pagos brutos sin elevar el saldo neto. Entrega de coches o acciones, seguros sanitarios, ordenadores o formación son los principales refugios para aprovechar las desgravaciones fiscales. Un método fiscalmente rentable y, al mismo tiempo, adaptado a las exigencias del ejecutivo.
Los vendedores se pillan los dedos por las comisiones
Las tripas de las empresas se remueven estos días por la comunicación interna de que el parón abrupto de la actividad impedirá este año el reparto del bonus, generalmente ligado al resultado financiero de la compañía. Consultoras, bancos, inmobiliarias e incluso empresas de alimentación, que prefieren mantenerse en el anonimato, figuran entre el listado de las afectadas.
Los expertos señalan que quienes están peor parados son los comerciales, pues gran parte de su sueldo –hasta el 70%, según las agrupaciones del sector del automóvil– depende de las ventas directas realizadas en el mes en cuestión. Desde CCOO señalan que ésta es la “retribución variable más conocida y habitual”, aunque una de las más “inestables”.
Pero junto a ella, en el mercado conviven otras fórmulas, algo más estables. O, al menos, que dependen del esfuerzo personal, como es el caso del bono anual por resultados individuales, proporcional a la labor desarrollada durante el último ejercicio. Esta modalidad también puede estar ligada a los resultados por grupo, aunque todavía no es muy habitual y entraña el riesgo de incentivar la conflictividad del equipo, por la desigual involucración de los participantes. Por último, el bono discrecional es “la fórmula más obsoleta”, pues el plus salarial se basa en “criterios subjetivos y arbitrarios”, que el trabajador no controla.
M.TEJO/E.S.MAZO
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