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"La Directiva de Retorno es uno de los grandes errores que ha cometido Europa en los últimos tiempos"

Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país" (Artículo 13).

Se cuentan por miles. Los inmigrantes que
cada año llegan a la costa española son numerosos. En su viaje, cumplen
una voluntad reconocida por la propia Declaración Universal de los
Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a salir de cualquier
país, incluso del propio, y a regresar a su país" (Artículo 13). Sin
embargo, las trabas que se encuentran para culminar el proceso
migratorio son incontables. La última, la Directiva de Retorno de inmigrantes irregulares. "Uno de los grandes errores que ha cometido Europa en los últimos tiempos", lamenta el presidente de la Federación de Asociaciones Pro Inmigrantes Andalucía Acoge, Ángel Madero.


Desde principios
de 2008, más de 1.250 inmigrantes han llegado en patera a las costas
andaluzas, una cifra elevada que, en ocasiones, tiene un final trágico.


El número es significativo, sin duda, y es verdad que hemos
asistido a situaciones trágicas, pero este número disminuye año tras
año. Por otro lado, la inmigración es un derecho recogido, incluso, en
el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que
reconoce a las personas el derecho a salir de cualquier país, incluso
del suyo propio. Esto significa que el problema real no es salir de un
país, sino poner trabas a este derecho que se ejerce, lamentablemente,
por situaciones forzadas que llevan a buscar una vida mejor. La
frontera africana con Europa es la frontera con mayor desequilibrio
económico del mundo. Debería ser fácil entender que, cuando no se tiene
nada, se busque, como mínimo, la esperanza de mejorar.


"Es una tragedia que la sociedad europea se haya vuelto impasible ante el drama de la inmigración"


¿La mayor tragedia de la inmigración la simbolizan quienes pierden la vida en el mar?


La pérdida de una vida humana es la mayor tragedia que puede
existir, pero no la única. Hay que fijarse también en las familias que
pierden a seres queridos y en aquéllas que no saben siquiera la suerte
que estos han corrido. Un alto porcentaje de las personas que se
aventuran a hacer la travesía en el Estrecho de Gibraltar o hacia las
islas Canarias son personas que iniciaron hace tiempo su proceso
migratorio. A veces, han pasado años desde que salieron de sus casas y
sus familias no saben nada de ellas. Eso es una tragedia. Como el hecho
de que la propia sociedad europea se haya vuelto impasible ante el
drama de la inmigración, que no sea capaz de reaccionar de forma
contundente ante la muerte de bebés y justifique las políticas que se
están desarrollando. Eso es una tragedia como sociedad y como futuro.


Andalucía
Acoge responsabiliza de la pérdida de vidas humanas a "la política de
control que se está realizando en España y Europa frente a la
inmigración", ¿qué propone como alternativa?


Desarrollo. Abogamos por políticas reales que ayuden a sacar de
la desesperanza a los países de origen. No queremos que nos vendan que
la cooperación al desarrollo son patrulleras, formación y equipamiento
para controlar las fronteras. La cooperación al desarrollo es apostar
por la infancia, por la educación, por los derechos y las libertades en
los países de origen, de manera que la migración sea un derecho y no
una obligación. Con la política actual de gestión de flujos
migratorios, lo único que se consigue es que las vías de acceso sean
ilegales y cada vez más peligrosas. Pero insisto, el peligro está en
las vías de acceso, no en las personas. No existe la persona ilegal,
sino la acción ilegal. Se utiliza la lucha contra las mafias para
endurecer las políticas de gestión migratoria, pero si se cierra la
posibilidad de que una persona emigre legalmente, se le fuerza a que
busque una vía alternativa y, probablemente, caiga en manos de personas
desalmadas que pondrán en peligro su vida.


"Si se
cierra la posibilidad de que una persona emigre legalmente, se le
fuerza a que busque una vía alternativa y, probablemente, ilegal"


Los problemas se agravan porque las rutas de llegada a España han variado.
Desde hace un tiempo, se ha detectado la llegada de pateras a Murcia,
Alicante o Baleares. Esto supone viajes más largos y un aumento del
peligro. ¿Las personas inmigrantes son ajenas a este hecho o conocen
siempre los riesgos del viaje?


En primer lugar, hablamos de personas y, por lo tanto, de casos
muy diferentes. Es un error generalizar, pero se puede decir que, quien
emigra, siempre es consciente del peligro. Lo que hay que analizar es
hasta qué punto la desesperanza es tan grande que aun poniendo en una
balanza el riesgo que se puede correr se apuesta por él. La inmigración
siempre ha sido una cuestión de valientes. Emigran las personas que
están más preparadas porque son quienes tienen mayores posibilidades de
éxito en el proceso migratorio.


En este
sentido, un freno a ese éxito podría ser la Directiva de Retorno de
inmigrantes irregulares aprobada por el Parlamento Europeo y que
propone, entre otras cosas, la ampliación del periodo de internamiento
a 18 meses en casos excepcionales en los que haya problemas de
identificación. España ha asegurado que no aplicará esta directiva, sin
embargo, ¿realmente cree que será así?


En principio, la Directiva es uno de los grandes errores que ha
cometido la política europea en los últimos tiempos. Es necesario
gestionar el bienestar de la sociedad, pero cuando la realidad
migratoria se gestiona como si las personas fueran criminales, se hace
un flaco favor a la convivencia diaria y a la plena integración de los
nuevos vecinos que nos acompañan. Esta política restrictiva de la Unión
Europea es el comienzo de un camino peligroso que nos lleva a tiempos
pasados que es mejor olvidar. Los internamientos masivos de larga
estancia nos recuerdan a campos de concentración. Si bien es cierto que
en España la gestión migratoria es infinitamente más progresista,
también es cierto que la Directiva deja la puerta abierta para que, en
el futuro, esta gestión pueda endurecerse. El texto recoge unos
márgenes de actuación que rozan la violación de los derechos de las
personas. ¿Cómo afectará a España? De momento, tiene un apoyo para
ampliar el periodo de internamiento de las personas inmigrantes.


Precisamente,
Andalucía Acoge exigió hace poco la regulación por ley de los derechos
de las personas que se encuentran en Centros de Internamiento de
Extranjeros (CIE) y denunció que no se permite la entrada de las ONG,
aunque la Orden Ministerial sobre Normas de Funcionamiento y Régimen
Interior de los CIE de 1999 así lo prevé.


En realidad, desde Andalucía Acoge pedimos el cierre de estos
centros porque no tiene sentido que a una falta administrativa se le
sume una falta de libertad. No obstante, somos conscientes de que estos
centros no se pueden cerrar de la noche a la mañana, por lo que pedimos
que, al menos, se regulen de manera que las condiciones en las que
viven las personas ingresadas sean lo más dignas posible. El propio
Parlamento Europeo encargó un informe externo sobre la situación de los
CIE, cuyo resultado fue totalmente negativo en cuanto a condiciones
sanitarias, formativas y de convivencia. Sin embargo, ha hecho caso
omiso a este informe y ha aprobado una directiva que no sólo facilita
el internamiento de las personas en estos centros, sino que incluso
permite que sean ingresadas en centros penitenciarios, cuando lo único
que han cometido es una falta administrativa al no tener documentación.


"Emigran las personas que están más preparadas porque son quienes tienen mayores posibilidades de éxito"


¿Ocurre lo mismo con los menores extranjeros no acompañados (MENA)?


Con los menores, el trato en general es aceptable, pero
sustancialmente mejorable. Si bien es cierto que los menores reciben
atención inmediata en cuanto son detectados sin la compañía de un
adulto, al final, el trato es excesivamente parecido al que recibe el
resto de inmigrantes.


Sin embargo, se está produciendo un descenso en la edad de los menores que emigran.


Así es. Hace cuatro o cinco años, la edad media de quienes
llegaban a Andalucía se situaba en torno a los 17 años, mientras que en
la actualidad ronda los 15 años y medio. Una de las causas de este
descenso es el trato administrativo que se da a los menores.
Actualmente, con 17 años es prácticamente imposible conseguir la
documentación por falta de tiempo, es decir, si se quiere aumentar las
posibilidades de obtener documentación, hay que emigrar con menos de 17
años.


¿Y qué ocurre cuando se cumplen los 18?


Con 18 años y un día están en la calle. Esto es una realidad
que la gente debe conocer: el sistema garantiza protección hasta los 18
años, a pesar de que la propia legislación recoge que la autoridad que
tenga la guarda y tutela del menor acogido debe hacer un seguimiento
durante los tres años siguientes para garantizar su inserción
sociolaboral.


"Es de ilusos pensar que el Plan de Ayuda al Retorno Voluntario tendrá una gran aceptación"


En el caso de los MENA, este seguimiento es prácticamente
inexistente. Se puede dar la paradoja de que un menor acogido durante
varios meses cumpla 18 años y un día y se encuentre en situación
irregular en España, o que, después de dos años tutelado, salga a la
calle con un permiso de residencia pero carezca de un permiso de
trabajo que le permita encontrar un empleo para mantenerse. Es una
realidad compleja que no se diferencia del trato a otros chicos
tutelados, aunque sean españoles, lo cual nos lleva a pensar que el
sistema de protección en su conjunto debería ser analizado y
modificado.


A partir del próximo mes de septiembre, cerca de 100.000 inmigrantes podrán acogerse al Plan de Ayuda al Retorno Voluntario. ¿Le augura una
buena aceptación o prevé que serán pocos quienes se acojan al mismo?


En primer lugar, cualquier actuación que sea voluntaria nos
parece correcta. Si una persona considera que su proyecto migratorio ha
finalizado, nos parece adecuado que se acoja al plan, pero si esto le
impide volver a España o a Europa, nos parece una equivocación. Por
otro lado, es de ilusos pensar que el plan de ayuda al retorno
voluntario tendrá una gran aceptación. Para volver al país de origen,
primero, hay que tener dinero suficiente para pagar el viaje. En
segundo lugar, este plan sólo da la posibilidad de capitalizar el paro
o recibir un microcrédito, pero para tener una capitalización
suficiente hay que haber trabajado durante mucho tiempo. Si esto ha
sido así, probablemente, las personas inmigrantes tengan una red social
fuerte y sus hijos estén totalmente integrados, por lo cual, resulta
difícil pensar que sean muchas las personas que se acojan a este plan.


¿Qué opinión le merece el caso contrario: la reagrupación familiar?


Me preocupa. En la actualidad, parece que se quiere complicar
aún más el derecho a vivir en familia y se pretenden endurecer las
condiciones de este derecho, pero una democracia de primera no puede
permitir que haya ciudadanos de segunda porque, inmediatamente, se
convertirá en una democracia de segunda. No podemos defender que
existen diferentes modelos de familia y, al mismo tiempo, limitar estos
modelos por el hecho de ser inmigrante.


"La inmigración es un caldo de cultivo para los prejuicios"


Habla
de ciudadanos de segunda. Según una investigación realizada por
Andalucía Acoge, entre las dificultades detectadas para la inserción
laboral de los inmigrantes se encuentra "la existencia de estereotipos
y prejuicios". ¿Son ambos factores los que llevan a considerar a las
personas inmigrantes como ciudadanos de segunda?


Lamentablemente, el tema de los prejuicios es algo inherente al
ser humano y, con respecto a la inmigración, es un caldo de cultivo
para este tipo de actitudes. El desconocimiento hace que tengamos
reacciones y actitudes ilógicas. Esto se refleja cuando una persona no
tiene derecho a votar o cuando sus deberes están totalmente claros,
pero sus derechos no tanto. Al contrario, cuando la persona tiene
contacto directo con la realidad migratoria, cuando el conocimiento
aparece, estos estereotipos y prejuicios desaparecen progresivamente.


¿Qué papel juegan los mediadores en este escenario?


La figura del mediador, actualmente, es una figura
imprescindible. La capacidad de empatía, el conocimiento del otro, no
se genera espontáneamente, sino que hay que facilitarlo. Ahí la figura
del mediador es fundamental porque pone en conocimiento las dos
posturas para que se llegue a acuerdos. Apostamos por un futuro
intercultural y, aunque la figura de la mediación no es una panacea,
sin duda, es una figura importantísima.


AZUCENA GARCÍA


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Fecha artículo: lun 18 ago 2008 06:30:00 CEST - URL: http://www.comfia.info/noticias/43740.html
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