logo COMFIA

Federación de Servicios
Financieros y Administrativos


”Se reconoce el trabajo pero no la capacidad de decidir de las mujeres”

"Personalmente quiero influir en Comisiones Obreras y en las decisiones que se toman, y me importa muy poco si soy la número dos o la número cinco".
Lola Liceras


Lola
Liceras lleva doce años en la ejecutiva de Comisiones Obreras,
es secretaria confederal de Empleo y forma parte del Consejo
Económico y Social, aunque su compromiso sindical data de 1973
cuando desde las organizaciones obreras se trabajaba
clandestinamente.


Nunca
pensó que, desde su responsabilidad en el sindicato, pudiera
aprender tantas cosas y no sólo desde el punto de vista
laboral: “También de cómo funciona el país,
las instituciones, el Parlamento, las leyes, la política

y sobre todo de la condición humana: “Para bien y para
mal. Desde la entrega total de algunas personas, a las disputas por
el poder. El conocimiento de la condición humana creo que te
lo da el desenvolverte en cualquier gran organización donde
confluyen intereses diferentes, o donde te confrontas, como en el
caso del sindicato con otros intereses, como es el caso de la
patronal
”.


Lola
Liceras pasó de ser delegada en su empresa a la dirección
del sindicato y, a lo largo de los años, se ha encontrado con
todo, desde quiénes la han apoyado a quienes la han
cuestionado: “Cuando llegué a ocupar esta secretaría
no me conocía nadie. El sindicato fue muy generoso al decidir
que podía ocupar esta responsabilidad. Al mismo tiempo también
ha habido momentos de bastante dureza, en el sentido de sentirme
‘ninguneada’. Esto también
”. Aunque reconoce que es
mucho más costoso encontrar la aceptación en otras
organizaciones ajenas o desde el propio Gobierno: “Son sitios
donde sí que se ve la idea de poder como el hombre que manda y
la mujer que conoce y sabe pero que no manda. En mi caso, se me
reconoce el trabajo pero no la capacidad de decidir y en ocasiones se
pregunta por el compañero que se supone que es quien ‘manda’
”.


Se habla de una de las
mayores crisis económicas vividas en democracia (la última
gran crisis fue en 1993) que conlleva la subida del paro y la
destrucción de empleo y que afectará, sobre todo, a la
población inmigrante y a las mujeres.


Nuestro
país crecía mucho en los últimos años
pero sólo en dos tipos de actividades, la construcción
y el sector servicios, que ahora se tambalean. Los hombres trabajan
más en el sector de la construcción, sobre todo los
inmigrantes, pero las mujeres se emplean en el comercio, la
hostelería. Con la crisis, las familias restringen el consumo
y también prescinden de mantener o contratar a empleadas del
servicio doméstico, mayoritariamente copado por inmigrantes.


Las prestaciones
actuales no cubren al colectivo de inmigrantes ¿nos
enfrentamos a un nuevo tipo de personas en paro?


Estamos “chequeando”
la situación, conociendo cómo va a afectar a mucha
gente que se irá al desempleo, indistintamente de que sean de
otros países o de España. Hay que conocer cuál
será su nivel de protección por desempleo, cuánto
va a durar la prestación, porque nos tememos que serán
cortas. Por tanto, hay que asegurar la red de protección,
sobre todo teniendo en cuenta que la segunda red, los subsidios,
están pensados para otro tipo de trabajadores
(mayoritariamente hombres del sector industrial despedidos en los
años 80 tras las reconversiones). Estos subsidios están
sujetos a tener responsabilidades familiares y a ser mayor de 45 ó
52 años. La población desempleada ahora es sobre todo
gente joven, inmigrantes y mujeres que no cumplen estos requisitos.
Por ejemplo, las inmigrantes no tienen aquí responsabilidades
familiares pero sí en sus países de origen.


Es
evidente que la coyuntura no será la mejor y que el Gobierno
tendrá menos recursos, pero es muy importante conocer la
realidad.


¿Qué
opinión le merecen las declaraciones del ministro de Trabajo e
Inmigración, Celestino Corbacho, sobre la creación de
un programa de retorno voluntario para inmigrantes?


Es
una medida coyuntural, que no resuelve ningún problema. No
tiene que ver con una mejor regulación de los flujos
migratorios, por tanto no resuelve que continúe llegando gente
sin contrato de trabajo y sin permiso de residencia. Lo que hay que
conseguir es que la gente no venga engañada, no sea explotada,
máxime en una coyuntura de crisis. El retorno, en todo caso,
habrá de ser voluntario.


Con
la medida parece que nos queremos deshacer justamente de la gente que
ya está más integrada, que tiene derechos, que ha
generado prestación y que se inscribe como demandante de
empleo. No tiene sentido prescindir ahora de quienes han hecho un
gran esfuerzo de integración.


Las medidas no pueden
ser coyunturales, ni darse al margen de una visión global del
sistema de desempleo. Por ejemplo, el anterior ministro, Jesús
Caldera, el primer mes de subida del paro anunció un programa
de recolocación para los trabajadores de la construcción.
Esto tampoco tiene ningún sentido. El Gobierno debería
reactivar el sector de la construcción basándose en
parámetros opuestos a la especulación, invirtiendo en
infraestructuras públicas, en vivienda social…


Pero todas las personas
que van a los servicios públicos de empleo han de tener las
mismas oportunidades, sean trabajadores de la construcción o
trabajadoras del comercio.


Habla de la necesidad
de cambiar de modelo productivo. ¿Cómo habría de
ser?


Es
algo que desde Comisiones Obreras se ha repetido hasta la saciedad.
Ahora se ve que esta afirmación estaba muy justificada. Es un
error basar el crecimiento económico de un país en la
construcción de viviendas residenciales a un precio
desorbitado. Incluso las plusvalías del sector industrial o la
banca se han reinvertido en la construcción, porque generaba
beneficios de manera inmediata. Por eso decimos que hay que
diversificar la inversión y llevarla hacia sectores de mayor
productividad: el industrial, el tecnológico (investigación,
desarrollo, innovación…). También hay que invertir en
servicios de calidad, servicios a las personas (en situación
de dependencia o en escuelas infantiles de 0 a 3 años) y en
servicios públicos (educación, sanidad…).


Paradójicamente, el crecimiento del consumo ha “favorecido”
el empleo de las mujeres en el sector servicios (un 70% de la
población española trabaja en este sector), pero la
segregación ocupacional sigue aumentando y ocasiona mayor
desigualdad entre hombres y mujeres: unos a la construcción,
otras al sector servicios.


Venimos denunciando
desde hace tiempo esta situación de empleos vulnerables, que
ante un cambio de ciclo o un menor crecimiento económico iba a
afectar también a las mujeres. Por eso es importante el
crecimiento equilibrado y la diversificación en actividades,
de modo que haya empleos más estables y seguros y trabajadoras
y trabajadores más cualificados y menos intercambiables.


¿No debería
el Estado proteger la formación?


Si
queremos hacer valer la cualificación de la gente hay que
hacer valer las inversiones personales en formación y
educación. El modelo de crecimiento actual ha incentivado
indirectamente el abandono escolar de la gente joven porque en teoría
se podía trabajar con 18 ó 20 años (dinero
inmediato en empleos precarios). En el otro extremo, está la
gente sobrecualificada (entre ella muchas mujeres) que tampoco
encuentra su hueco en el mercado laboral.


Primero se habló,
desde la Unión Europea, de la flexiseguridad (capacidad de las
empresas para contratar y despedir), ahora se habla de una jornada
laboral interminable.


Nos preocupan ambas
cosas. La flexiseguridad viene a ser la flexibilidad para las
empresas y la seguridad para quienes trabajan, pero ¡fuera de
las empresas! Pero, ¿quién va a tener seguridad fuera
de las empresas? Se dice “el Estado proveerá”: a través
de la formación, servicios públicos de empleo,
prestaciones por desempleo... Pero esto no va a ser posible si no hay
recursos. Comisiones Obreras defiende la flexibilidad negociada en
las empresas: distribución del tiempo de trabajo, horarios y
organización más flexible para la plantilla, formación
y movilidad dentro de la propia empresa... Y ya lo que riza el rizo
en el ámbito europeo es la directiva sobre el tiempo de
trabajo. Es volver a los inicios del movimiento obrero cuando se
reivindicaban 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de sueño.
El movimiento sindical tiene que luchar para que el Parlamento
Europeo cambie esta directiva aprobada en el Consejo.


¿El movimiento
sindical necesita funcionar en red para conseguir sus objetivos en un
mundo cada vez más global?


Sí.
Creo que esto es muy interesante y debemos saber hacerlo. Cada vez
nos vamos a encontrar con más retos europeos o de carácter
mundial. De hecho, ahora se presentan dos: dar la batalla frente a
esta resolución del Consejo Europeo sobre la jornada de
trabajo; y el emplazamiento para el 7 de octubre de 2008 de una
jornada mundial por el trabajo decente. Hay que agruparse para
conseguir ciertas reivindicaciones comunes.


¿Alcanzará
nuestro país el compromiso adquirido en el Consejo Europeo de
Lisboa del año 2000 de conseguir una tasa de empleo para las
mujeres en 2010 del 60%?


En
los últimos 10 años se ha incrementado la tasa de
empleo y se ha reducido la tasa de paro. De hecho, estamos a 7 puntos
de diferencia en tasa de empleo respecto al objetivo Lisboa (pero en
el año 2000 estábamos a 19 puntos). Probablemente no
vamos a llegar, sobre todo con la situación de crisis
económica que va a hacer que bastantes mujeres pierdan el
empleo.


Los
hombres españoles ya son iguales a los europeos. En realidad,
la diferencia como país con Europa se debe exclusivamente a la
posición desigual de las mujeres. Por eso es muy preocupante
esta situación de caída del empleo porque va a
perjudicar va a las mujeres en ese objetivo de aumentar su tasa de
empleo.


Las jóvenes
estudian para competir en el mercado laboral, optan por no tener
criaturas y defienden su profesionalidad. Todo forma parte de
estrategias individuales, sin embargo, ¿qué políticas
públicas de igualdad cree que serían necesarias?


En
los últimos años las mujeres con empleo se han
duplicado (de 4 a 8 millones). Las mujeres han decidido, de manera
individual, que querían ser autónomas teniendo un
empleo, y han luchado por ello. Sus estrategias han sido estudiar
mucho (hay más universitarias que universitarios) y no tener
hijos o tener pocos o tenerlos más tarde. Las mujeres han
hecho lo que estaba en su mano. Sin embargo, no han sido apoyadas por
políticas de igualdad. Ahora empieza a removerse un poco esta
situación con la ley de igualdad (una ley en la que se han
implicado muchísimo las mujeres de Comisiones Obreras). Ahora
el gran reto es hacer cumplir la ley en el ámbito laboral.


Sin embargo los planes
de igualdad sólo afectarán a aquellas trabajadoras
vinculadas a grandes empresas…


Pero no podemos olvidar
que la ley también dice que hay que negociar en todos los
convenios colectivos medidas de igualdad. Nos quedaríamos muy
cortos si sólo pensáramos en los planes. Hay que pensar
también en las medidas, porque en este país hay muchos
convenios colectivos (el tejido productivo es de pequeñas
empresas). En las ponencias del próximo congreso se dice que
antes de que acabe el año 2010 Comisiones Obreras debe evaluar
la negociación colectiva en relación a planes y medidas
de igualdad.


¿Cómo se
está trabajando para alcanzar la paridad dentro de Comisiones
Obreras?


Aunque la ley de
igualdad no obliga formalmente a los sindicatos, Comisiones Obreras
va a cambiar sus estatutos para alcanzar la paridad. Hasta ahora se
establecía el mismo porcentaje de mujeres en todos los ámbitos
de decisión en relación al porcentaje de afiliación
femenina. Ahora se va a cambiar para conseguir la paridad desde el
inicio, desde las empresas, habrá que hacer algunas
adaptaciones para conseguirlo, pero se hará.


Por
eso es muy negativo que haya algunas organizaciones que estén
proponiendo crear un nuevo órgano de dirección
conformado por los secretarios generales, porque aquí sería
imposible conseguir la paridad, la mayoría de los secretarios
generales son hombres. Por tanto, es un contrasentido que estemos
cambiando los estatutos para conseguir la paridad y, al mismo tiempo,
se quiera cambiar los estatutos para crear ese órgano de
dirección no paritario.


¿Cómo
concibe el poder?


Lo
entiendo como la capacidad de influir en base a dar razones respecto
a la defensa que se hace de cualquier posición. Creo que -en
general, tampoco quiero decir que las mujeres tengamos una manera de
ver el poder, y los hombres, otra- pero sí creo que, en
general, las mujeres buscamos más la manera de influir que la
de mandar en el sentido jerárquico. Personalmente quiero
influir en Comisiones Obreras y en las decisiones que se toman, y me
importa muy poco si soy la número dos o la número
cinco. Eso me da igual. Esa es mi idea de “poder”, un poder menos
jerárquico. Lo que es evidente es que las mujeres tienen que
estar en los órganos donde se influye.


Hay más
trabajadoras, más afiliadas al sindicato es lógico que
haya también más dirigentes mujeres ¿Cree que se
está haciendo un buen debate y se está reflexionando
sobre este aspecto en el conjunto de la organización?


En
estos últimos años, el empleo de las mujeres ha crecido
más que el de los hombres, y también la afiliación
femenina ha crecido más que la masculina. Las sindicalistas se
lo han peleado y hay más en los ámbitos de decisión.


Hace doce años,
en las secretarías de Empleo sólo éramos dos
mujeres: una en Cataluña y yo misma en la Confederación.
Y ahora somos 11. Hay otro cambio, las secretarías
consideradas como importantes y, por tanto, masculinas, también
han perdido valor de uso. En la última legislatura, la ley de
igualdad ha sido la “ley estrella” del Gobierno, y las
sindicalistas la han trabajado, discutido y defendido; la ley de
atención a las personas en situación de dependencia, se
ha trabajado desde las secretarías de Política Social
del sindicato, encabezadas mayoritariamente por mujeres; cada vez hay
más mujeres que defienden las políticas de empleo, etc…
Por eso ya no tiene sentido clasificar las secretarías como
importantes y menos importantes, porque justamente ahora, las que se
suponía que eran menos importantes han cobrado relevancia.


Siempre que se habla
de las trabajadoras aparece rápidamente la palabra
conciliación. ¿Han cambiado o están cambiando
las necesidades de los varones en relación a este tema o les
resulta terreno ajeno?


Queda
mucho camino por recorrer. Las mujeres han cambiado de manera radical
respecto a su posición en el empleo y se han incorporado a
todo tipo de trabajos, y sin embargo los hombres han cambiado muy
poco respecto a su posición en el ámbito doméstico.
Lo que sí que hay que poner en valor es que, a pesar de las
dificultades de las mujeres para conciliar, y que la conciliación
sigue recayendo sobre ellas, las mujeres han sido guerreras y han
tomado decisiones que han hecho cambiar la sociedad.


Carmen
Briz


Revista Trabajadora


Fecha artículo: jue 21 ago 2008 06:30:00 CEST - URL: http://www.comfia.info/noticias/43796.html
Cristino Martos, 4
28015 Madrid

Tel 91 540 92 82 Fax 91 548 28 10
comfia@comfia.ccoo.es

 Adherida a  logo UNI