El Banco de Pagos recomienda elevar los tipos y purgar el sistema financiero
01-07-2008 - Si no quiere irritar a los gobernantes, no diga crisis. Pruebe con convulsión, que es el término que usan y repiten los economistas del Banco de Pagos Internacionales (BPI) en su informe anual, un repaso a las incertidumbres y riesgos que sitúan a la economía mundial, en lo que califican de "momento crítico". Sus recetas son dolorosas: purgar los excesos del boom crediticio de los últimos años asumiendo las pérdidas de los créditos incobrables y, en líneas generales, subir los tipos de interés para que no se anclen las expectativas inflacionistas.
"La convulsión que se vive en los principales centros financieros no tiene precedentes" desde 1945. A corto plazo, los factores más desfavorables son "el significativo riesgo de recesión en Estados Unidos, unido al intenso repunte de la inflación en numerosos países". Todo ello fruto de un "cóctel explosivo": los años en los que se desarrolló la "innovación en el mercado financiero, la permisividad en la gobernanza tanto interna como externa y la relajación de las condiciones monetarias".
El "banco central de bancos centrales" describe sin gran diplomacia y con un lenguaje crudo todo lo que se ha hecho mal en los últimos años. Así, cargan contra las innovaciones financieras: "es innegable que la inadecuada implementación del modelo de negocio basado en originar y distribuir riesgos" ha tenido "efectos secundarios desastrosos, se han concedido préstamos de pésima calidad y se han vendido después a inversores crédulos o avaros". Una "peligrosa fuente de vulnerabilidad" y, además, opaca.
Otra enseñanza es que "los sistemas financieros liberalizados tienen un rasgo inherente: su comportamiento procíclico". Y esta es la película de los últimos diez años, la expansión crediticia alimentó el crecimiento, con lo cual "aumentaron los precios de los activos y el optimismo, al tiempo que se redujo la percepción del riesgo". La conclusión es rotunda: "lo que en un principio parece una exuberancia racional podría acabar por volverse irracional, allanando así el terreno para un posible colapso". Con un posible proceso de deflación que aumentaría el peso de las deudas como durante la Gran Depresión.
La parte más dura de las conclusiones va dedicada a las instituciones privadas. No pueden negarse "las deficiencias tanto en el gobierno interno de las instituciones financieras como en su vigilancia externa". De ahí las "enormes pérdidas" sufridas y las "recapitalizacionez forzosas" que reducirán "la rentabilidad futura de los accionistas actuales, por lo que no es de extrañar la indignación de éstos ante el comportamiento de los directivos y de los consejos de supervisión de algunas empresas".
Así, leemos frases inquietantes como que "el sistema financiero en su conjunto ha dejado de funcionar correctamente". Las autoridades encargadas de supervisar "deben preguntarse (...) ¿Cómo es posible que haya emergido un sistema bancario oculto sin provocar ninguna reacción oficial de inquietud". Hipótesis: "simplemente nadie sintió la imperiosa necesidad de hacer preguntas delicadas sobre las fuentes de beneficios mientras las cosas fueron bien".
Los banqueros centrales también son responsables. Por su "influencia incuestionable" en que los tipos de interés reales se mantuvieron "durante gran parte de esta década en niveles inusualmente bajos", "la expansión de los agregados monetarios y crediticios fue a más" y "las reservas de divisas crecieron a ritmos inusitados".
El informe carga contra las autoridades monetarias: "esta prolongada relajación de las condiciones monetarias y crediticias podría explicarse en parte porque los bancos centrales aún no han ajustado del todo sus políticas nacionales a unas influencias mundiales cada vez más grandes". Antes, la globalización fue una fuerza desinflacionista, ahora ha contribuido a estimular la demanda y a provocar incrementos en los precios de las materias primas.
Implacable al analizar el pasado reciente, el informe lo es todavía más sobre las previsiones. "Si bien la mayoría de los expertos prevén una desaceleración mundial, existe una sorprendente incertidumbre sobre su magnitud". Ante el piélago de circunstancias económicas que interactúan, el BPI es escéptico. "Es sencillamente inverosímil que los modelos tradicionales de previsión económica puedan seguir funcionando, si es que alguna vez lo hicieron".
MANUEL ESTAPÉ TOUS
La Vanguardia
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